Dominar a tu perro y ser el líder de la manada: ¡Mejor no!

dominar perro
La relación entre perro y dueño l Patrick Hendry

Desde hace mucho tiempo, la figura del amo en la relación humano-perro tiene una connotación de dominación. Sin embargo, de un tiempo atrás, los etólogos han cuestionado este modo de abordar la educación del perro y han surgido nuevos enfoques. ¡Vamos a ponernos al día!

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La noción de amo viene de la hipótesis de una jerarquía muy estructurada en los grupos de perros. Observando a los lobos, el antepasado de los perros, los investigadores identificaron la presencia de un individuo alfa, sobre el que caía la autoridad del grupo. Y aplicaron inmediatamente esta estructura social a la del perro, ya que sus raíces genéticas son las mismas.

La jerarquía en los perros

En realidad, estas observaciones se hicieron en el lobo, pero no pueden extenderse al perro tan fácilmente. Incluso si, claramente, hay parecidos, el perro es a día de hoy una especie bien diferenciada del lobo, que sigue una evolución guiada por la selección humana desde hace casi 10.000 años; en la que, además, la estructura social ha cambiado también.

Las últimas observaciones que se han llevado a cabo en en grupos de perros semi salvajes confirman las dudas: la estructura de un grupo de perros es diferente a la de los lobos. En los perros, los grupos son más pequeños (de 3 a 5 individuos de media), con una estructura social menos lineal. Esto quiere decir que un perro puede ser líder del grupo dependiendo del contexto. El dominante en una situación puede ser el dominado en otra.

Es muy probables, por tanto, que el lobo y el perro, como especies sociales que son, construyan grupos con individuos que tengan diferentes temperamentos, y la estructura y funcionamiento del grupo va a depender de dichos individuos.

Por lo tanto, la noción de dominación, actualmente, no califica al perro directamente (ya que su estatus de dominante solo depende de los perros y los humanos que lo rodean). Lo que vamos a clarificar, más bien, es la relación entre individuos en un contexto determinado. Un perro no nace dominante, pero puede simplemente tener un temperamento autoritario que le de, a menudo, la posición de líder del grupo. Basta que esté en un grupo más autoritario que él para que cambie completamente sus costumbre.

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La pareja hombre-perro

El perro tiene una gran capacidad de adaptarse y a comunicarse con otras especies, en particular con el hombre. Pero distingue muy bien a sus congéneres del humano, incluso si tiene relaciones muy cercanas con ambos. Por tanto, la relación que se desarrollará con el perro no va a ser, como se decía antes, una relación de “esclavitud” sistemática: sino una relación más parecida a la que se desarrolla entre ellos (dentro de una situación de equilibrio).

Hemos visto que los perros que viven en grupo, el estatus de líder cambiar en función de las circunstancias: es lo ideal que suceda dentro de la relación con tu perro. No es que tengas que dejar que tome él las riendas y que haga tonterías cuando quiera, pero sí darle momentos de libertad para poder llevar a cabo sus necesidades, ponerte a su altura para poder “escucharlo” y comprenderlo mejor, y no tener sistemáticamente una interacción con él desde la dominación, sino en base a una relación más equilibrada.

Un ejemplo muy recurrente es del del sofá: en la visión antigua, el perro, como dominado, nunca debe tomar una postura dominante, por lo que nunca puede estar a la altura del amo y subirse al sofá. Pero un perro que no ejerce una dominación exagerada en este lugar, puede acceder y que este sea un espacio compartido y de equilibrio entre ambos.

Pero también hay que tener en cuenta que el perro es un animal activo, que pide mucha atención y que sabe muy bien como usar sus dotes de seducción para obtener pequeños placeres. Una relación equilibrada significa que no hay que partir de los excesos, pero eso sirve en los dos sentidos. Hay que saber tener límites propios.

¿Cómo convertirte en un buen humano para tu perro?

El antiguo discurso, tiene la “ventaja” de ser uniforme, mientras que en el nuevo enfoque no hay una única técnica. Retomando el ejemplo del sofá, en ciertos casos, podemos dejar subir al perro, pero en otros, con perros más invasivos, se recomienda poner límites.

El buen método consiste, por tanto, en saber adaptarse en función del perro que tenemos. Un perro ansioso tendrá más necesidad de libertad y de experiencias positivas para calmarse, y un perro temeroso necesitará de pautas para sobrellevar su frustración.

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No hay que cerrarse a pasar tiempo con los animales, ayudar en un refugio, por ejemplo, y tener una experiencia relacionada perros cuando todavía somos nuevos en esto. Aprender a conocerse, a reconocer el temperamento y cuáles son sus rituales, es una buena forma de acercarte a este animal.

Y si tienes la sensación de que no entiendes a tu perro, o que él no te entiende a ti (hace tonterías o no te hace caso cuando intentas enseñarle cosas), intenta frecuentar “lugares” caninos, donde encontrar a profesionales: paseos colectivos con educadores, cursos particulares, etc. que te ayudarán a comprender mejor a tu perro y responder a sus necesidades.

Escrito por: Dr Stéphane Tardif

Veterinario y redactor de Wamiz

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Periodista, apasionada del arte, enganchada a las redes sociales y enamorada de los animales. ¡Puedo pasar horas viendo vídeos de gatetes en internet!