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Toro de la Vega 2019: España da un paso más contra el maltrato animal

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© Imagen del lanceado del Toro de la Vega en Tordesillas. / AGENCIAS

Las órdenes judiciales y la creciente conciencia social sobre la protección de los animales suprimen el maltrato animal de muchas fiestas populares. La más reciente, la sentencia del Tribunal Supremo que pone fin a la muerte en público del Toro de la Vega

Por Lola Duarte Publicado el 21 mar. 2019

Es curioso ver que personas que miman cada día a sus perros y gatos, a los que probablemente no les falte de nada, se transformen en otro ser cuando llegan las fiestas del pueblo: se dedican a perseguir a otros animales por las calles. A unos los torturan, a otros los acosan y a otros los matan. Incluso en algunos de estos festejos se dan las tres situaciones. Esas personas se escudan en la tradición, en “es nuestra cultura” como si fuera más fácil reencarnarse en su antepasado que evolucionar. Y en nombre de ese pasado unos 60.000 animales de todo tipo son maltratados en las fiestas populares de España

Contra el maltrato animal

Aunque al ralentí, nuestro país avanza en materia de bienestar animal. Por el momento tenemos en el congelador que a los animales domésticos se les siga considerando como objetos en la ley española; pero el mismo peso de la normativa ha hecho posible que el Tribunal Supremo cierre la puerta a la muerte en público del Toro de la Vega, algo impensable, como aquel que dice, anteayer. La presión y conciencia social, la labor diaria de los animalistas, así como esas órdenes judiciales están haciendo posible que España dé un paso más contra el maltrato animal

Fin al lanceado del Toro de la Vega

Pero ojo, el Tribunal Supremo no evita la muerte del Toro de la Vega. El toro morirá igual, pero no se utilizará esa práctica medieval de clavarle lanzas hasta dar con su muerte, perseguido por decenas de personas a pie y a caballo. La primera referencia sobre el Toro de la Vega data del año 1534,  más de 400 toros muertos a manos de los lanceros. Aunque desde el año 2016 al Toro de la Vega no se le persigue con lanzas, se monta un encierro en el campo y, cuando acaba, se le mata aparte para no herir sensibilidades. El 15 de septiembre de 2015, Rompesuelas fue el último toro en morir alanceado. 

“Herido está de muerte el pueblo que con sangre se divierte”. Juan Ramón Jiménez

Hasta alcanzar este punto los defensores de la fiesta, por lo que sea en su mayoría hombres –recordemos que histórica y científicamente las mujeres son las que más sensibilidad muestran hacia los animales –, han dejado perlas del tipo: "El sufrimiento es una cualidad humana, admitimos que al toro le duele, pero no sufre", llegó a decir el alcalde de Tordesillas. O "las personas nos servimos de los animales para alimentarnos y para divertirnos porque somos más inteligentes que ellos", declaraba uno de los vecinos entrevistados por Gonzo para El Intermedio

Ejemplos de maltrato animal

Por fortuna queda esperanza y el Toro de la Vega se ha sumado a una lista cada vez más amplia en la que el maltrato animal desaparece o, al menos, se reduce. Recordemos la cabra viva que hace años tiraban desde un campanario en Manganeses de la Polvorosa (Zamora); ahora arrojan un muñeco. En Lekeitio (Bizkaia) les arrancaban la cabeza a los gansos; continúan haciéndolo pero el animal ya está muerto o es de goma. O en Sagunto (Valencia) se prohibió la suelta de patos para que los atraparan los bañistas; ahora los animales son de plástico. En otros pueblos en vez de soltar toros por las calles sueltan balones gigantes; y en Ceutí (Murcia) se ha suspendido una fiesta que consistía en atrapar cerdos en el barro. 

maltrato animal lanzamiento pava cazalilla
Lanzamiento de la pava de Cazalilla.© PACMA

Sin embargo, en otros municipios los cambios sí que van al ralentí. Al toro de Coria, en Extremadura, ya no se le acribilla a dardos antes de matarlo; ahora le pegan un tiro después de la juerga. En otra localidad valenciana, en Puig, hasta hace poco cada último domingo de enero, durante las fiestas dedicadas a San Pedro Nolasco, los quintos se enzarzaban en una batalla de ratas en la que también participaban niños. El festejo que, pese a que se prohibió en 1996 se ha seguido celebrando, consiste en matar unos cuantos roedores y lanzarse unos a otros los cadáveres. La contradicción del asunto reside en que un par de semanas después se celebran las fiestas de San Antón, el patrón de los animales, con la bendición correspondiente en las parroquias. 

La contradicción del ser humano

¿Cómo pasas de llevar a tu perro, gato, hámster o cobaya a bendecirlo a la iglesia a divertirse a costa de la muerte de animales? “Históricamente, en España se ha normalizado este tipo de comportamientos con la participación de los poderes públicos. Cuando se ve algo así como normal, uno no se cuestiona si está bien o mal, es algo que se mama de padres a hijos, dice Juan Ignacio Codina, subdirector del Observatorio Justicia y Defensa Animal en El Diario Vasco. Aún así, parece que se abre camino a la idea de que no hace falta utilizar animales para divertirse. “Socialmente, está creciendo la conciencia de la barbarie que supone divertirse con el sufrimiento de un animal”. Ahora bien, “en pueblos pequeños y medianos, las propias autoridades municipales fomentan cada vez más festejos taurinos para mantener vivas determinadas tradiciones", lamenta Codina. El resultado es que “el número de animales maltratados en las fiestas populares se mantiene”.

Suprimir una fiesta ancestral

“Herido está de muerte el pueblo que con sangre se divierte”. No está demás tener presente esta cita de Juan Ramón Jiménez hoy, el Día Mundial de la Poesía. Todavía son muchos los que aferran a lo que entienden por tradición y cultura, pero poco a poco parece que estas costumbres, que se tendrían que haber quedado en la Edad Media, dejan de verse como normales. Si acaso se quedan en un reducto que solo comparten los del propio pueblo, y por fortuna, tampoco todos. Los que se agarran a lo que interpretan por tradición pretenden hacer frente a los de fuera, a los que quieren arrebatarles su fiesta ancestral. Bienvenidos a la evolución, bienvenidos al siglo XXI.