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Un sacerdote prohíbe la entrada de un perro al funeral de su dueño, la reacción del animal provoca indignación

Labrador en la puerta de una iglesia
© Facebook

Todo sucedió en Turín, Italia, donde un sacerdote prohibió la entrada de un perro al funeral de su dueño, que estaba teniendo lugar dentro de la iglesia. La reacción del perro ha desencadenado un gran debate.

Por Jade del Arco, 11 jun. 2019

¿Debería estar permitido que los perros entren en las iglesias? Esta decisión corresponde, principalmente, al sacerdote que oficia el servicio. Y en este caso, un funeral, el sacerdote rechazó categóricamente la entrada del perro, por mucho que fuese la mascota del difunto.

El sacerdote no dio su brazo a torcer 

La familia y los amigos del fallecido preguntaron si el perro podría asistir para dar el último adiós a su amado dueño. Al fin y al cabo eran muy cercanos. Se trata de un Labrador, conocido por su carácter amable,  llamado Pavel que siempre se porta muy bien, por lo que toda la familia aseguró que se mantendría discreto y educado si se le permitía la entrada a la iglesia. 

Lamentablemente el sacerdote no quería a un animal en la iglesia durante su servicio. Y, a pesar de la insistencia de la familia, se mantuvo firme.

La mentalidad está cambiando

En realidad, no existe ninguna legislación que regule el acceso de los animales a las iglesias. La decisión se basa únicamente en las personas que trabajan en ella.

En Gran Bretaña, por ejemplo, cada vez más iglesias se están volviendo “dog friendly”. En una encuesta realizada recientemente, de 285 iglesias de Reino Unido, el 63% dijo que aceptaban perros o hacían servicios de mascotas.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Pero, desafortunadamente, todavía quedan algunas que no son tan abiertas. El pobre Pavel tuvo que esperar fuera de la iglesia mientras se celebraba el servicio, y no dudó en compartir sus sentimientos al respecto. Como describió un vecino del difunto:

"Se quedó fuera de la parroquia llorando y aullando durante la hora que duró el funeral."

A pesar de que no hay nada más triste que un perrito llorando, el cura se mantuvo en sus trece... Un hecho que causó un tremendo debate entre los vecinos y en las redes sociales puesto que nadie comprendió la decisión del párroco. Al menos, el perro puedo dar un último paseo junto a su amado dueño, acompañándolo al cementerio. Y, como un famlilar más, lo hizo sin parar de llorar.