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Un edil propone multar a los propietarios de perros por "una infracción" jamás imaginada

perro ladrando
© Unsplash

El edil de una ciudad en el norte de Francia ha prohibido el exceso de ladridos de perros en un intento por frenar la contaminación acústica canina.

Por Jose Manuel Cano, 13 feb. 2019

Jean-Pierre Estienne, alcalde de Feuquières, una pequeña localidad francesa de unos 1.500 habitantes, ha sorprendido al mundo con una medida de lo más extrema que ha revolucionado al pueblo y ha desatado las críticas de numerosas asociaciones. 

Según la versión del primer edil de esta localidad del norte de Francia situada en la región de Picardía, los vecinos están sufriendo un calvario con los ladridos que provienen del domicilio de una lugareña que posee media docena de perros y que se pasan el día ladrando. "Ladran día y noche creando una situación insoportable", comenta al diario Le Parisien. 

"Ella tiene varios perros, algunos de ellos grandes. Hemos hecho varios intentos para establecer un diálogo con ella, en vano. Así que si tomé esta decisión es porque no encontramos otra salida. No podía quedarme sin hacer nada", advirtió.

Así, tras varios intentos fallidos para que la dueña tomase medidas por su cuenta y reinase nuevamente la tranquilidad en el pueblo, el Ayuntamiento decidió tomar cartas en el asunto con la implantación de un decreto que penalizará económicamente a quienes dejen que sus animales se expresen de forma insistente.

La nueva ley está ya recogida en un documento administrativo que resulta completamente explícito en su premisa. A partir de ahora estará prohibido dejar a un perro en un recinto cerrado sin que un guardián o cualquier otra persona se encuentre cerca para hacerle callar si se pone a ladrar prolongada y reiteradamente. Del mismo modo, el dueño estará obligado a introducir al animal en su domicilio si molesta o impide el descanso de los vecinos. Quien infrinja esta ley se arriesga a una multa de 68 euros.

La multa será de 68 euros si el perro ladra de forma excesiva

Jean Pierre Estienne propuso esta peculiar normativa y el consejo municipal la aprobó por mayoría. No obstante, el propio alcalde matiza que no pretende llevar esta ley al extremo, es decir, que no será una medida totalitaria ni dictatorial en ciertos casos. "El objetivo no es prohibir a los perros. No vamos a multar a la gente por el más mínimo indicio".

"Este decreto no prohíbe a los perros ladrar, sino que pide a los dueños hacer lo posible para que cuando ladren no molesten", ha explicado el independiente Estienne, un militar retirado de 72 años que recuerda igualmente que la norma llega a consecuencia de las peticiones y quejas continuadas de los aldeanos por una residente particular.

"Los perros podrán seguir ladrando en el campo", ha asegurado, asumiendo plenamente su decisión ante las voces críticas y dejando claro que no tiene nada en contra de los animales. "Cuando uno decide tenerlos, se les educa", recuerda el edil.
"En una localidad rural no tenemos policía municipal para intervenir y los gendarmes tienen cosas mejores que hacer. Así que, como esto hace meses que dura y los intentos de conciliación han fracasado, el decreto será efectivo desde este lunes 11 de febrero de 2019", ha explicado el alcalde al diario Le Monde.

También la tomó con los gatos 

Aunque intenta quitarle hierro al asunto, al alcalde parece que no le gustan demasiado los animales. En el propio pueblo de Feuquières ya hubo otra polémica a finales del año 2017 que también tuvo como protagonista al reino animal. Fue a raíz de la denuncia de los vecinos de una zona residencial que se quejaron de la proliferación de gatos callejeros.

El Ayuntamiento compró entonces trampas para atraparlos y esterilizarlos, aunque luego tuvo que dar marcha atrás porque la medida no era legal. No obstante, el alcalde no se da por vencido ya que en las próximas semanas lanzará una campaña de esterilización para que la población de felinos no se dispare.

Las asociaciones, escandalizadas con la ley

Como era de esperar, la aprobación de esta normativa ha despertado auténtica indignación en numerosos sectores. Stéphane Lamart, presidente de la Asociación de Defensa de los Derechos de los Animales, ha comentado públicamente que ve "alucinante" esta medida del consistorio. 
 
"¡Es como impedir que suenen las campanas de las iglesias! Si los perros tienen boca es para ladrar. Además, bien contenta que está la gente cuando dan la alerta si alguien entra a robar", recuerda.

Aunque reconoce que los ladridos continuados pueden llegar a molestar, Lamart dice que no ha visto nunca a un perro ladrar desde la mañana hasta la noche. En este contexto, lo más preocupante es que el alcalde barajase en su momento el uso de collares anti-ladridos para estos perros. Lamart recuerda que el uso de estos dispositivos electrónicos puede quemar las cuerdas vocales del animal y que es de una extrema crueldad. 

Con todo, Lamart ya ha adelantado que no descarta llevar el peculiar decreto a los tribunales. Y es que no es la primera vez que las autoridades francesas han tratado de frenar los decibelios caninos. En 2012, en la localidad de Sainte-Foy-la-Grande, al sudoeste de Francia, ya se aprobó una prohibición a los ladridos excesivos de perros que perturbaban el "orden público".


¿Se puede detener los ladridos de un perro?

Los ladridos no dejan de ser una forma de comunicación de los perros. Puede entenderse que los ladridos fuertes y regulares sean molestos y se conviertan en una queja común de los propietarios y sus vecinos, pero no hay que olvidar que nuestros amigos caninos ladran por muchas razones: para llamar la atención, para defenderse de un peligro o para expresar ansiedad, por ejemplo. 

Jenna Kiddie, experta en comportamiento canino de la organización benéfica ‘Dogs Trust’, advierte contra el uso de collares anti-ladridos y otros métodos de entrenamiento aversivos. "Es vital investigar por qué ladran y abordar la motivación subyacente en lugar de solo intentar erradicar el comportamiento en sí mismo".

Si bien los niveles de ruido varían, algunos ladridos pueden alcanzar los 100 decibelios, un 'ruido' más alto que el que genera la maquinaria de una fábrica. El récord mundial en este sentido lo tiene un golden retriever australiano llamado Charlie que se ha probado que llega hasta los 113,1 decibelios.