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Carta de una hija en el Día del Padre: "Cuando no querías adoptar a un perro"

perro hija dia del padre
© Shutterstock

¿Qué ocurre cuando una hija desafía a su padre sin ningún temor? Esta es la historia de una niña que decidió adoptar a un perro sin el consentimiento de su padre. ¿Resultado? El peludo les cambió la vida. ¡Se te saltarán las lágrimas!

Por Vanessa Parapar, 19 mar. 2019

Querido papá,

Sé que después de todos los buenos momentos que hemos vivido juntos en los últimos años has querido borrar de tu cabeza ese 19 de marzo -día del padre- de hace 10 años en el que te di un regalo muy especial. ¿No me digas que has podido olvidarte de aquel momento en el que fui la más rebelde de todas las chicas de mi clase y decidí hacer realmente lo que me dio la real gana sin escucharte?

Parece que fue ayer cuando era una adolescente que quería comerse el mundo con su maxi melena, sus pantalones de campana, su top que enseñaba algo más que el ombligo y una sorpresa que se convirtió en drama.  

Mis antecedentes nunca fueron capaces de dejarme en un buen lugar y ese día, como era de esperar; nada salió como debería porque el día empezó saltándome mis clases para ir a un lugar al que, según tú, las niñas como yo no podían entrar porque era peligroso y porque podía contraer algún tipo de enfermedad que cambiaría mi vida.

Papá, espero que tu memoria se vaya refrescando poco a poco puesto que a mi no se me olvidará en la vida la cantidad de veces que lloré delante del refugio de animales del barrio con el objetivo de conseguir un ansiado perro. O mejor dicho, queriendo adoptar uno. 

Fueron muchos los minutos que me quedaba escuchando los ladridos de esos desamparados perros mientras mis lágrimas se derramaban inundando mi cara en busca de tu aprobación. Nunca lo conseguí.

Fueron también muchos días de reyes y muchos cumpleaños en los que no sentía que ninguna de las cajas de los regalos se movía, ninguna tenía vida, ninguna hacía guau, guau.

Fueron demasiadas las veces que me tuve que conformar con un perro de peluche que intentaba llenar el enorme vacío de mi corazón. Tanto que el último que me regalaste aún está en mi cuarto protegiéndome cada noche por si alguien intenta molestarme mientras sueño. 

No puedo parar de pensar en ese día que no te tuve miedo y decidí enfrentarme a ti para demostrarte que había llegado el momento de demostrarte que era una chica responsable capaz de compartir su vida con un animal.

Al principio (y volviendo a las primeras líneas de esta carta que hoy te regalo), la idea de llegar a casa con un adorable perro a mi lado no te gustó ni un pelo. Me diste una charla de las que no se olvidan e intentaste convencerme para que lo devolviese en aquel mismo instante, pero lo que no habías controlado era que ya era demasiado tarde para los dos.

El perro que había conseguido rescatar del refugio te había robado el corazón gracias a su mirada pícara, como la mía, y a su manera de moverse cada vez que te referías a mí en los siguientes términos: 

  • No comprendes lo que suponer tener un perro. 
  • No estás preparada para tenerlo. 
  • No eres lo suficientemente responsable para ocuparte de él. 
  • No pienses que es como un peluche. 

Mientras me decías esta serie de verdades (digo verdades porque los dos sabemos que yo no estaba preparada ni para cuidar de él ni de mi misma), Gunter nos miraba a los dos inspirándonos tranquilidad. Intentando decirnos que su presencia no iba a causarnos ningún problema sino más bien todo lo contrario. 

Y... ¡así fue! El pequeño Gunter que había sido maltratado durante mucho tiempo por un dueño sin escrúpulos fue capaz de reforzar nuestro vínculo padre e hija. Una unión que estaba destinada desde hacía tiempo al fracaso puesto que tú no querías entenderme y yo me negaba a escucharte. 

Gunter tuvo el valor de ponernos en el mismo camino y nos ayudó a hacer frente a un destino complicado. Lo vimos crecer (acuérdate que cuando lo adopté tenía unos meses) y él nos vio madurar a nosotros.

Si hace un rato hacía referencia a los momentos complicados, ahora solo puedo hablar de los buenos. Largos paseos, risas, llantos de emoción, domingo de película, comidas en familia, noches interminables... No sería capaz de afirmar cuál fue el más especial de todos. O, ¿tal vez sí?

Jamás olvidaré el día que nos dijiste a los dos que nos querías. Jamás olvidaré que ese día me dijiste que Gunter había cambiado tu vida y la mía. Jamás olvidaré cuando me miraste a los ojos para darme las gracias por haber traído a Gunter a casa. Jamás olvidaré lo que Gunter ha hecho por ti y por mi. 

En definitiva,  nunca podré dejar de pensar que fuiste tú la persona que, sin saberlo, me mostrarte el momento adecuado para dar el paso hacia la responsabilidad. Papá, aunque no quieras asumirlo eras tú el que tenías miedo de entrar al refugio a buscar al amor de tu vida. Por lo tanto, fui yo la persona que dio el paso para que alguien volviese a robarte el corazón. Y esta vez, no puedes negarlo, es para siempre.

Te quiero papá. Dale un beso a Gunter de mi parte. 

P.D. Aunque ahora viva a más de mil kilómetros de distancia no olvides que Gunter es también mi perro. Os quiero.