¿Es posible la amistad entre los perros?

“El perro es el mejor amigo del hombre” no es solo un dicho muy popular, sino que además representa una realidad muy genuina. Los perros están dispuestos a hacer cualquier cosa por sus propietarios, siendo capaces incluso sacrificar sus vidas. Pero, ¿pueden los perros experimentar un sentimiento genuino de amistad y amor hacia sus congéneres?

Casi no hay dudas sobre ello; algunos perros son capaces de pasar días junto a un amigo canino enfermo, y otros se deprimen y pierden la voluntad de vivir cuando muere alguno de sus compañeros.

También hay perros enormes que soportan pacientemente ser atormentados por perros más pequeños, a quienes seguramente podrían tragar de un solo mordisco. En casos en los que el perro pequeño es más viejo, esto podría deberse a su estatus o jerarquía; pero cuando el perro diminuto es también el más joven, este nivel de tolerancia solo puede explicarse por la existencia de un fuerte sentido de amistad.

Indudablemente, los perros experimentan sentimientos tanto de cariño como de aversión igual que los humanos, y dicho afecto (¡u odio!) puede desarrollarse de forma inmediata o gradual. Y es perfectamente posible que dicho afecto evolucione hasta convertirse en una verdadera amistad, en el sentido humano de la palabra; es decir, un lazo fuerte e intenso junto a un deseo de estar juntos, que va más allá de la simple cooperación. Incluso los sentimientos de una naturaleza más “espiritual” tienen un origen obvio en la naturaleza: Estos sirven esencialmente para fortalecer los lazos entre los miembros de la manada y reducir la probabilidad de una ruptura.

Y el mismo principio aplica a “nuestras propias” amistades, que sirven de igual forma para consolidar las relaciones inter-grupales entre los primates de los cuales descendemos. Dado que es imposible para ellos expresar sus sentimientos con palabras, los lobos y los perros no tienen un lenguaje de amistad como tal, y las amistades que existen entre ellos son solo visibles claramente (al menos para nuestros ojos) en los casos más llamativos.

Sin embargo, los perros tienen una manera muy clara de decirle al otro: “Me agradas” o “Me pones nervioso”. Como principio general, mientras más deseos tenga un perro de manifestar un sentimiento positivo hacia otro, se comportará de una manera más juvenil.

Señales de amistad

Las siguientes son las señales más comunes de amistad (o apaciguamiento):

– Mantener los ojos cerrados a la mitad.

– Pequeños toques con el hocico o las patas.

– Golpear al otro perro con el trasero o presionar sus extremidades traseras contra su tronco.

– Invitar a jugar colocando las patas delanteras a ras del piso, mientras mantiene sus cuartos traseros erguidos.

Mover la cola, en contraste, no es un signo de amistad sino que transmite un estado de contradicción (según algunos autores conocedores del tema) o simplemente sirve como una forma de drenar una emoción (según otros). Es perfectamente posible que un perro que mueve su cola ataque al individuo con el que interactúa (ya sea humano o canino).

Señales de aversión

Siendo los perros animales sociales (y de naturaleza tierna) que buscan la compañía de los de su propia especie, ellos no han desarrollado un lenguaje específico para expresar aversión. Sin embargo, la animosidad puede manifestarse entre dos individuos, incluso en ausencia de cualquier causa obvia para un conflicto.

Cuando esto ocurre, los perros normalmente reaccionan alejándose sin más; si se ven obligados a mantenerse cerca el uno del otro, no hay dudas de que encontraran pretextos para un conflicto, conllevando inevitablemente a una confrontación agresiva.

Conclusión

A veces los perros experimentan sentimientos inmediatos de afecto (que bien pueden transformarse con el tiempo en una verdadera amistad para toda la vida) o aversión (que en ciertos casos pueden llegar a convertirse en odio, haciendo que ocurran peleas sin ninguna razón aparente). Sin embargo, a menudo estos sentimientos se desarrollan de forma gradual con el paso del tiempo, ya sea en un sentido positivo o negativo.

Cuando existe una atracción positiva – y se desarrolla – entre miembros del sexo opuesto, puede llegar convertirse en amor en el sentido humano de la palabra, es decir, algo más que un simple impulso sexual.

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