¿Qué puedes hacer para evitar que tu perro ladre?

Esta es la visión del adiestrador de perros Antonio Ruiz.

Ladrar cuando lo ordenes.

Aunque suene paradójico, enseñarle a tu perro a ladrar cuando se lo ordenes es una buena forma de enseñarle a mantenerse en silencio más adelante. Podrás notar la sutil diferencia: no le enseñas al perro a ladrar, sino a hacerlo cuando se lo ordenes.

Para enseñarle estas dos soluciones, aprovecha las oportunidades en que el perro esté ladrando para decirle “¡Ladra!” o “¡Habla!” y entonces, luego de un momento, dale una recompensa. Una vez que el perro aprenda a ladrar cuando le digas una de estas palabras, podrás avanzar a la siguiente etapa: pídele que ladre (luego de lo cual el perro se quedará esperando su recompensa), y luego pídele que haga silencio y vuelve a darle una recompensa.

Tu perro aprenderá a ladrar y a hacer silencio cuando se lo ordenes, y mejor aún, aprenderá a hacer silencio por sí solo luego de comenzar a ladrar espontáneamente.

Radio gaga

Una recomendación muy común es dejar la radio encendida para evitar que los perros se aburran. De hecho, con ello se apunta a dos cosas: esto también ayuda a disimular los sonidos externos que pueden desencadenar los ladridos, y si la técnica se aplica de forma correcta, le harás creer al perro que sigues en casa.

Así es como funciona: sal de la habitación y enciende la radio. Vuelve a entrar a la habitación un rato después. Repite esto varias veces. El objetivo es que el perro asocie el sonido de la radio con el hecho de que estés en la habitación contigua. Cuando realmente hayas salido, la radio cubrirá en parte el ruido que haces al salir, y para el perro, servirá como evidencia de que estás en la habitación de al lado. Brillante y efectivo.

Collares y bozales antiladridos.

Existe en el mercado una amplia variedad de collares antiladridos: solo para nombrar algunos de los más comunes, estos incluyen los collares eléctricos, collares de limoncillo, collares de mostaza, collares de aire comprimido y collares de ultrasonido. Todos siguen más o menos el mismo principio: castigar al perro siempre que ladre. Debo expresar mis reservas en este punto. Muchos perros se acostumbran a utilizar estos collares.

Debido al riesgo de que el perro se acostumbre a ellos por ser muy resistente por naturaleza y con una gran tolerancia al dolor, o por otra parte, de que sea muy sensible al punto de quedar traumatizado, este tipo de collares debe utilizarse de forma muy esporádica, o no utilizase del todo. También es importante estar conscientes de que, en algunos países de la Unión Europea, solo pueden ser vendidos para su uso en un ámbito profesional. Algunos perros son más sensibles y vulnerables que otros.

Algunos pueden notar la diferencia entre el ladrido de un perro que lleva el collar puesto y el de los demás perros en la casa o el vecindario. ¡Es altamente beneficioso para tu perro asegurarte de que no sea reprendido por las acciones de otro perro! En algunos casos, utilizar estos collares puede evitar que algunos perros sean abandonados o incluso sacrificados (es preferible elegir el menor de los dos males), pero ningún collar puede resolver el problema de fondo: la causa de los ladridos, en cuyo caso es preferible considerar tanto las soluciones de emergencia como las soluciones a largo plazo.

Es importante mencionar que estos collares a menudo son inefectivos en perros que aúllan de forma incesante. Los bozales, aunque pueden evitar físicamente que el perro ladre, definitivamente no pueden utilizarse durante todo el día, especialmente cuando el propietario está ausente. El perro no puede beber (riesgo de deshidratación), vomitar (riesgo de asfixia), y finalmente, no puede jadear, lo cual es esencial en los climas cálidos (debido al riesgo de sufrir un golpe de calor).

Más vale tarde que nunca…

Finalmente, me gustaría terminar con la noticia esperanzadora de que, al menos en lo que a ladridos se refiere, puedes enseñarle a un perro viejo trucos nuevos. En el mejor de los casos, podrás ser capaz de eliminar el comportamiento disruptivo de raíz o, cuando menos, podrás mitigar sus efectos.

La pistola de agua.

Algunos perros las aman, pero incluso entre aquellos que lo hacen, perros que disfrutan bañarse y mojarse, rodar en un charco de barro es una cosa, pero recibir un chorro de agua a presión… ¡Nada que ver, es mejor hacer silencio! Por tanto, es perfectamente posible hacer que un perro se calle amenazándolo con un arma: una pistola, de hecho, o para ser más exactos, una pistola de agua.

Son baratas de adquirir y usar. Te permiten apuntar desde la distancia, no ensucian ni hacen ruido – de hecho, tienen todo a su favor. Siempre puedes intentarlo y, si no funciona con tu mascota, siempre habrá un niño cerca más que feliz de utilizarla como juguete. Cabe resaltar que, para un efecto incluso mayor, algunas personas agregan un par de gotas de jugo de limón al tanque de agua (en ese caso, ¡ten cuidado con tu perro!)

Una cuestión de genética

El tema de la genética sale a relucir con regularidad. Sin embargo, dentro de los límites del conocimiento científico actual, no hay forma de probar que los genes causen predisposición a ladrar o a la agresión, ni en una raza de perro en particular ni en ciertos animales individuales.

Estigmatizar a razas completas catalogándolas como peligrosas es tan ridículo como decir que un perro en particular ladra por ser de cierta raza. Es una explicación fácil, rápida y conveniente, pero está equivocada. Primero que nada, tu perro es un perro y no un miembro de una raza en particular, y sus reacciones físicas y temperamentales son las de esa especie. Por lo tanto…

Conclusión

Los perros ladran porque son perros. Tienes que admitir que si el tuyo mulla o habla, ¡sería más sorprendente aún! También ladran porque se les coloca en situaciones en donde pueden, e incluso deben hacerlo. Muy a menudo lo hacen porque sus propietarios no les enseñan a estar en silencio, y de hecho refuerzan esta conducta sin darse cuenta.

Como este suele ser el caso, en lugar de culpar a nuestros perros por ladrar deberíamos actuar como propietarios responsables y enseñarles los comportamientos adecuados, y los buenos modales para convivir en nuestro mundo dominado por los humanos. ¡Ellos nos lo agradecerán, quizás con un lamido amistoso!

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