Los cinco sentidos de los perros

Los perros usan los mismos sentidos que nosotros, pero lo hacen de una manera diferente, por lo que sus capacidades son extraordinarias en algunas áreas y limitantes en otras. ¿Cuáles son los cinco sentidos? ¿Podemos afirmar honestamente que solo existen cinco? Estudiemos cómo ven el mundo los perros.

Antes de describir los sentidos, el primer paso es definir cuántos podemos contar. Para aclarar los conceptos, discutiré los cinco sentidos tradicionales para exponer cómo entienden las cosas nuestros amigos caninos, pero en realidad ni siquiera los científicos están de acuerdo en cuántos sentidos presentan los animales (incluyendo a los humanos).

En realidad, los perros tienen siete o hasta ocho sentidos.

Según los mecanismos activos por los cuales se desarrollan los sentidos, algunos están combinados y otros están divididos. La vista y la audición se describen a través de una característica común: uno percibe luz y el otro ondas de sonido. Por otro lado, el sentido del olfato y el del gusto están biológicamente relacionados; ambos son herramientas para percibir módulos químicos, y los perros utilizan su hocico y lengua de manera conjunta para “hidratar” los aromas que perciben. Los módulos químicos pasan a través de la cavidad nasal hacia el suelo del paladar a través de las vías respiratorias y cuando se prueba un alimento, también se huele (y vice versa).

En cuanto al tacto, el concepto es opuesto: los científicos no encuentran suelo común en este punto. Al observar los canales nerviosos, nos damos cuenta de que hay varios sentidos del “tacto”:

  • Sensibilidad fina: El sentido del tacto que viene a la mente en primera instancia, que nos permite percibir contacto con personas y objetos.
  • Nocicepción: El canal mediante el cual se siente dolor, con distintas terminaciones nerviosas.
  • Enterocepción: Sensibilidad en órganos internos. Concretamente, el sentido que nos permite percibir dolor estomacal y otras sensaciones internas.
  • Propiocepción: Es el último canal de percepción, que permite a los animales sentir dónde se ubican sus extremidades en el espacio, y se relaciona fuertemente con el equilibrio (percepción de la gravedad).

Existe un sentido final, sobre el cual no existe consenso: percepción de la temperatura. Este sentido invloucra varios caminos nerviosos, pero se parece a otros sentidos por la manera en la que se comporta. Por eso, existe un debate científico al respecto, no hay acuerdo sobre este sentido y si de hecho puede ser un sentido por derecho propio.

Por lo tanto, en el análisis final, tanto perros como humanos tienen no cinco ni siete, sino ocho sentidos.

En la práctica, no detallaremos todos los componentes del tacto, pues son difíciles de estudiar y no existe mucha información sobre la percepción canina de estos sentidos. Solo se ha confirmado que están ahí, de la misma manera que la inmensa mayoría de los animales los presentan.

Olfato: el sentido principal

El olfato es para los perros lo que la vista es para los humanos: el sentido que utilizan para descubrir y explorar el mundo. Nosotros no somos capaces de entender este sentido, a pesar de la cantidad de tiempo que lleva sorprendiéndolos y nosotros estudiándolo. Es como pedirle a una persona ciega que describa colores. Tendríamos que describir algo que nuestro cerebro no es capaz de concebir.

Específicamente, los perros tienen entre 100 y 200 millones de células olfativas, mientras que los humanos solo tienen cinco millones. Los perros pueden percibir olores en concentraciones hasta 100 veces más débiles si se les compara con humanos. En volumen, más de la mitad del cerebro de un perro capta aromas. Esto les da una habilidad extraordinaria. Sin embargo, no todos los perros son iguales en este aspecto, pues la capacidad olfativa varía entre razas e individuos.

Los perros reconocen el aroma de una mano sobre un objeto después de solo dos segundos de contacto. Pueden detectar la huella de un dedo sobre un vidrio después de seis semanas, incluso si el vidrio ha sido tocado. Y tenemos mucho más que aprender: investigaciones recientes han resaltado la habilidad canina de “olfatear” enfermedades como cáncer de pulmón, a través del aliento. En efecto, los perros pueden aprender a reaccionar de manera diferente si la persona frente a ellos sufre una enfermedad, lo cual permite que el diagnóstico se ajuste a los resultados. Esta capacidad de detección es tan avanzada, que el sistema legal de países como Alemania y Holanda aceptan la identificación de una persona como evidencia.

A medida que entendamos mejor las habilidades y sentidos de un animal, mejor podremos interpretar sus reacciones. Esto tiene aplicaciones prácticas a la hora de entrenar el comportamiento del perro y adecuar su ambiente. Para los perros, olfatear es como para nosotros puede ser contemplar el paisaje o ver una película. El olfato es su fuente de placer y entretenimiento.

Audición: los perros pueden escuchar en rangos más amplios que nosotros.

La percepción acústica canina es mejor que la nuestra. En efecto, pueden percibir un espectro auditivo más amplio: la frecuencia (lo grave o agudo de un tono) disponible para un humano va desde 20 Hz a 20 kHz, mientras que los perros pueden escuchar sonidos entre 20 Hz y 60-65 kHZ. Por eso se crearon los silbatos ultrasónicos, que despiden una señal que solo los perros pueden escuchar (pues emiten sonidos en una parte del espectro que no está disponible para humanos pero sí para perros).

Este sentido es muy agudo, pero no es muy útil para los perros. Las personas utilizan el canal de las ondas de sonido para comunicarse, y esto influye en los perros, que se ven obligados a desarrollar este sentido. Sin embargo, la comunicación auditiva espontánea de un perro no es su modo principal de comunicación; el olfato y la vista sí lo son.

El beneficio principal de este sentido es poder escuchar amenazas: de esta manera, los perros pueden estar alertas ante peligros inminentes y advertir a otros miembros de su especie. Sin embargo, en el análisis final, los perros utilizan este sentido más para comunicarse con nosotros que con otros perros.

Visión: perros como cazadores

En general, el sentido de la vista de un perro es peor que el de un humano. Su habilidad supera la nuestra a la hora de detectar movimientos, pues un perro puede detectar el movimiento de un objeto a 900 metros de distancia. Sin embargo, en lo que se refiere a agudeza visual, solo perciben objetos claramente a 30 cm de distancia, y captan menos detalle que nosotros.

Su campo de vista monocular es mejor, mientras que el campo binocular es más reducido. En otras palabras, su visión está más concentrada hacia el frente, aunque cada ojo tenga un campo de visión individual más amplio. De hecho, sus ojos están posicionados de manera distinta en el cráneo, lo cual explica su pésima capacidad de ver de cerca.

En cuanto a colores, los perros tienen visión dicromática (con dos tipos de pigmentos, mientras que nosotros tenemos tres o cuatro). Esto significa que, aunque pueden distinguir entre colores, perciben cada uno en menor manera, y cada color tiene menos tonalidades. De hecho, tienen significativamente menos receptores (conocidos como conos) en sus retinas que nosotros.

Los otros receptores de la retina, los bastones, son mucho más numerosos: los perros perciben la intensidad de la luz mejor que un humano, por lo que su visión nocturna es mejor que la nuestra. Sin embargo, su vista en horas de la noche no es tan buena como la de los gatos.

Un estudio interesante ha demostrado que, para elegir y clasificar un objeto, los niños lo seleccionan por forma, mientras que los perros lo hacen por tamaño o textura.

Tacto: los perros aman los abrazos

Tal como se explicó en la introducción, el tacto es un sentido complejo, conformado por diferentes sentidos. Sin embargo, solo hablaré sobre sensibilidad fina, que los ayuda a explorar su ambiente y, como beneficio adicional, les permite experimentar caricias.

Este sentido está muy desarrollado en los perros. La sensibilidad se extiende hasta la piel, pues sus pestañas y bigotes les permiten sentir vibraciones muy finas (lo cual probablemente origina lo que llamamos el “sexto sentido”). Muchos perros disfrutan las caricias, y existen pocas partes del cuerpo que están “prohibidas al tacto”. Al contrario, los perros no dudan en exponer su estómago o las posaderas si les gustan las caricias en esas áreas.

El contacto físico es una necesidad fundamental para los perros: cuando los cachorros comienzan a explorar, buscan contacto físico con su madre cada vez que regresan a verla. El disfrute de este contacto es algo que comparten con nosotros: tal como los perros, los humanos somos seres sociables. Es posible que nuestra predilección por el contacto físico provenga de la idea de formar grupos sociales. Los gatos tienden a ser más independientes, así que no le prestan mucha atención al hecho de ser acariciados, y son aún más sensibles en su respuesta al tacto.

En el análisis final, nos damos cuenta de que los perros son animales con un rango complejo de sensibilidades y percepciones, además de una agudeza sensorial que los diferencia de nosotros. Como consecuencia, no podemos entender los gustos de los perros, los aromas que encuentran atractivos, dónde ubican su cama y los lugares en los que descansan. Todo esto depende de varias sensaciones que no tenemos capacidad de entender.

Dr Stéphane Tardif
Veterinario y editor para Wamiz

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