¿Pueden enamorarse los perros?

Nuestra experiencia con la especie sugiere que la respuesta a esta pregunta es “sí”, aunque debemos ser muy cuidadosos, pues siempre existe el riesgo de caer en el antropomorfismo, y esto incluso aplica para aquellos quienes creen que estudian a los perros de una manera tan científica como es posible.

En el caso de los lobos, solo el macho puede “enamorarse” al punto de estar dispuesto a abandonar a su manada por seguir a la hembra, sin que ocurra nunca lo opuesto. Este fenómeno contribuye a la supervivencia de la especie, pues los machos rechazados son machos débiles que ya no son capaces de producir una descendencia fuerte y saludable.

Sin embargo, los perros que viven dentro de sociedades humanas, no siempre están motivados exclusivamente por razones evolutivas; y creemos que estamos en lo cierto al afirmar que las emociones caninas están menos condicionadas por el instinto que las de los lobos, y que también están sujetas a la influencia humana en cuanto a las relaciones de pareja.

Dado que los perros domésticos que viven juntos pasan literalmente toda sus vidas bajo el mismo techo, compartiendo cada momento del día, a menudo forman parejas de por vida, cosa que nunca ocurre en las manadas de lobos. Esta forma de vida, que es muy diferente a la que ocurre en el mundo salvaje, hace que ciertas emociones en los perros domésticos se fortalezcan, e incluso conllevan a la existencia de parejas caninas fielmente unidas por emociones mucho más fuertes que el simple deseo sexual.

Una perra en particular llamada Frida pasó toda su infancia y adolescencia con un macho llamado Fritz, quien también fue su primer “esposo”. De manera subsecuente, ella rechazó obstinadamente a cualquier otro macho, pero se mostró completamente de acuerdo con tener otros encuentros con Fritz. Dado que las ideas propias de Frida no estaban muy acordes con las de su propietario, él intentó hacer que complaciera sus deseos forzándola (con la ayuda de un bozal) a aceptar a los machos que él quería para ella.

El resultado: ni un solo cachorro. La perra simplemente no quedó preñada, y esto convenció al propietario de una vez por todas de no intentar el experimento de nuevo. Luego de un nuevo emparejamiento entre Fritz y Frida de poco interés (en términos de reproducción), el propietario le entregó la perra a un buen amigo y se resignó a aceptar que la reproducción de su perra estaba descartada. Sin embargo, Frida tenía otros planes.

Aunque ella adoraba a su nuevo propietario – nunca se apartaba de su lado – cuando tuvo su siguiente celo, ella escapó de la casa y fue directo a las jaulas de reproducción (de noche, en su ausencia), y de inmediato se dirigió al compartimiento de Fritz tan pronto como llegó allí. En cuanto a Fritz – y solo Dios sabe cuánto tiempo le tomó – logró cavar un túnel digno de un escape de Alcatraz, y se unió a ella fuera de su compartimiento.

El resultado: en la mañana siguiente, ambos fueron encontrados acostados dulcemente uno junto al otro, hocico con hocico, totalmente embelesados. Y dos meses después, Frida dio a luz una linda camada. Ahora – y aunque es cierto que debemos evitar la tentación de caer en el antropomorfismo – ¿qué palabra utilizarías para describir esto, aparte de “amor”? Y este es solo un ejemplo. Los perros, según parece, son capaces de sentir amor verdadero hacia un miembro del sexo opuesto.

Sin embargo, si el término “amor” te parece demasiado fuerte, intenta razonar en un sentido más científico y pregúntate de dónde proviene tal sentimiento en los humanos. Sin importar el sentido poético y romántico que pueda tener, el amor entre un hombre y una mujer humanos es básicamente el resultado de una cadena de reacciones químicas: una reducción en los niveles de un neurotransmisor, la serotonina, que causa la típica languidez en los enamorados y permite la excitación sexual como resultado.

Si adoptamos esta visión poco romántica, entonces podemos considerar que todos nos enamoramos de la misma manera. Sin embargo, ciertas características mostradas por los perros, además de algunos comportamientos y actitudes particulares, nos han llevado a pensar que son capaces de experimentar el amor incluso en un sentido más espiritual.

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