¿Por qué mi perro no quiere ir al veterinario?

Un perro mantiene el tipo mientras le atienden en el veterinario. / oneinchpunch
Un perro mantiene el tipo mientras le atienden en el veterinario. / oneinchpunch

¿A tu perro le da miedo ir al veterinario? Esta es la solución al problema. Quítale los miedos al veterinario con estos trucos

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Tu perro baja del coche, camináis unos metros, giras la esquina –sí, eeesa esquina –, y se marca un cuerpo a tierra como si no hubiera un mañana. Te resulta familiar la escena, ¿verdad? Efectivamente tu perro ya se ha olido la tostada y sabe que le llevas al veterinario. Y ¿por qué tu perro no quiere ir al veterinario? Hablamos con un educador canino y con una veterinaria para te cuenten las razones y las posibles soluciones.

Por qué mi perro no quiere ir al veterinario

Quizás en nuestro imaginario la respuesta a por qué mi perro no quiere ir al veterinario sea tan sencilla como: ¿y a quién de nosotros le gusta al médico? Seguramente al común de los mortales no le haga ni pizca de gracia, aunque hay gente para todo en esta vida. Algo similar le ocurre a tu perro: no le gusta ir al veterinario con el añadido de que lo tiene asociado a circunstancias negativas. Es decir, cuando llevas a tu perro a su clínica veterinaria es, como mínimo, para ponerle la vacuna que le corresponda. La vacuna significa un pinchazo, y el pinchazo para él implica daño por poco que sea.

Asociación negativa

El principal motivo por el que un perro no quiere ir al veterinario es sencillo: el perro aprende. Recordemos que nuestros amigos de cuatro patas funcionan por asociación. Esto se traduce en que el perro “aprende a que le suben a una mesa de metal, aprende a que le manipula gente desconocida, le pinchan… Estas cosas para él son negativas y el perro no es tonto”, explica el educador canino Sergio Tallón, de Senda Canina. El perro ya tiene en su cabeza que cuando va al veterinario le va a hacer algo y su recuerdo no es bueno, así que no quiere entrar. “Y más todavía si va a lo mismo casi siempre, más se reafirmará en ese aprendizaje”.

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La veterinaria Marisa López Leyva coincide en este punto. “La inmensa mayoría de los perros que llegan a la clínica lo pasan bastante mal. Entran por la puerta y ya empiezan a temblar. En sus cabezas nosotros somos, de alguna forma, el enemigo. Revisarle los oídos cuando tienen una otitis o cuando vienen con una pata dolorida no nada agradable”. De hecho señala que hay perros que le cogen más miedo al veterinario después de una intervención quirúrgica o una sedación, por ejemplo. “Tras la anestesia se levantan mareados y desorientados y esa sensación es negativa para ellos”.

Un veterinario le revisa los oídos a un perro. / Ivonne Wierink
Un veterinario le revisa los oídos a un perro. / Ivonne Wierink

Empatía y contagio

Teniendo en cuentas esas cosas, también hay que ponerse en el lugar del perro. “Imagina que eres tu perro. Llegas a la sala de espera del veterinario. Ves a un perro muy inquieto, a otro asustado y a otro temblando y dices ‘ostrás, prepárate que aquí viene una buena’. De alguna manera se contagian esos nervios”, asegura Sergio Tallón. A este respecto Marisa añade que a veces los dueños no ayudan demasiado. “Ven a su perro nervioso, que no es capaz de controlarlo y acaba transmitiéndole esa tensión al animal”.

¿Qué podemos hacer?

Los perros, que son seres sociales, no están preparados para soportar ciertas experiencias y más si son negativas. Por tanto, ¿qué podemos hacer ante este miedo al veterinario? “Intentar acostumbrarlo”, aconseja el educador canino. Esto no quiere decir que lo lleves cada día al veterinario, pero sí que, en la medida de lo posible, se habitúe a que lo cojan en brazos o lo manipulen otras personas, por ejemplo. “Puede ocurrir que a tu perro se sienta extraño si no lo tocan otras personas o que sencillamente no le guste que le toque; por otro lado, que sea inseguro o que no salga a muchos sitios, y esto puede hacer que el día que esté en un veterinario para el perro sea un mundo”.

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Ya sabemos que el perro tiene miedo al veterinario porque lo tiene asociado a situaciones negativas. Es más, Marisa revela que ese miedo también lo tienen más relacionado al sitio que a la persona en sí. “Hay perros, pacientes, que nos encontramos en la calle y se deshacen en mimos y en la consulta no quieren saber de ti”. Igual que, asegura, hay perros que por muchos trasteos que les hagas en la clínica, suelen estar contentos, “aunque son los menos”. López Leyva detalla que para hacer más liviano ese momento para el perro intenta llamarlo por su nombre, agacharte para saludarle y estar a su altura, acariciarle, darle golosinas, aunque alguno con tanto nervioso pasa de las chuches”, relata entre risas.

La relación con el veterinario

Otra forma de cambiarlo, poco a poco, es que “el perro vaya al veterinario a nada: que tengas que recoger una receta para él y te acompañe; una simple revisión; que reciba cosas buenas como chuches –enumera Sergio–. La atención y el trato que le dé el veterinario también son muy importantes. No es lo mismo una visita a las prisas que procurar que el perro esté cómodo, tranquilo, si la exploración no puede ser en la mesa, pues en el suelo. Todo ello ayuda a que estar en el veterinario no sea tan traumático para él”.

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Redactora. En ocasiones le pongo voz a los pensamientos de mi perra, Chufa. Si algún día le da por hablar seguro que entraría en bucle: jugar, pelota, calle, jugar, calle, comer, comer, calle... y en ese orden. Sí, me tiene loca.