¿Puede mi gato padecer una enfermedad mental?

enfermedades mentales en gatos
Las enfermedades psicológicas también pueden afectar a los animales | Pixabay

Conoce las causas y síntomas de las enfermedades mentales en los gatos. Te contamos cómo tratarlas para que no se agraven.

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Las enfermedades mentales están a la orden del día en este mundo de locos. Los animales, al igual que las personas, pueden sufrir trastornos psicológicos que afectan directa e indirectamente a su salud. Cierto es que se trata de patologías más aisladas dentro del reino animal porque no ‘piensan’ tanto como los seres humanos, pero también existen y ni mucho menos conviene tomárselas a la ligera.

Ansiedad, depresión, estrés, epilepsia… son muchas las enfermedades que pueden sufrir nuestros amigos felinos a lo largo de su vida y diversas las formas de demostrarnos que están pasando un mal momento. Ellos no pueden decirnos lo que sienten, pero nosotros podemos entenderles si tenemos en cuenta una serie de delatores. ¿Puede tu gato sufrir una enfermedad mental? Por supuesto que sí. Sólo hay que saber descifrar lo que el animal nos quiere hacer ver con sus comportamientos. Todo tiene un sentido.

En Wamiz, consultamos con el doctor Felipe Vázquez Montoto, de la Clínica Veterinaria CatDog, quien nos arroja un poco de luz en este controvertido mundo de la ‘psique felina’ y, de paso, nos aporta algunas pistas sobre lo que nuestro gato quiere decirnos cuando algo le afecta en su interior. “Existen una serie de comportamientos extraños en el gato que nos llevan a pensar que está sufriendo algún tipo de patología mental. Excesos de vocalizaciones, cuando maúlla mucho y sin sentido, cuando se mueve en círculos mirándose al costado, cuando se queda mirando al infinito, como si estuviese pasmado; cuando apoya la cabeza contra la pared…” Todas estas conductas obedecen a una razón y en este artículo aprenderemos a diferenciarlas y ubicarlas.

Así pues, analizaremos las enfermedades más comunes en este campo y abordaremos el modo de proceder ante ciertos tipos de situaciones que, a priori, nos podrían parecer descontroladas. Si apreciamos algún tipo de síntoma de los que se describen a continuación, ya sabéis que lo primero siempre es acudir al veterinario, pero no hay que olvidar el mejor consejo: nuestro gato necesita cariño y sentirse valorado. Nunca están de más los juegos y el movimiento, las caricias y los mimos, ayudarles en su aseo personal…

Enfermedades mentales en gatos: por qué aparecen
Ya sea por componentes genéticos o por factores ambientales los gatos pueden sufrir depresiones | Pixabay

Depresión

Los gatos también sufren problemas emocionales. Ellos tienen sus motivos y pueden ser muy complejos, aunque las razones suelen asociarse a los cambios. Una mudanza a otra casa, la llegada de un nuevo miembro a la familia, ya sea persona o animal, una experiencia desagradable… hay muchos motivos que pueden desembocar en un estado de tristeza generalizado -incluso puede deberse a componentes genéticos y ambientales-. La soledad también les entristece, por supuesto (¡son animales sociales!), y cuando se sienten enfermos o ansiosos por una riña o maltrato, lo demuestran.

Los síntomas de la depresión son fáciles de distinguir y todos ellos están relacionados con la pena (apatía, falta de afectividad e higiene, sueños excesivamente largos, actitud desganada y sin deseos de jugar, cambios de carácter con tendencia a la agresividad, conductas miedosas…). Con cualquiera de estos signos hay que consultar al veterinario para descartar otra posible enfermedad que le esté haciendo sentirse mal. Si el especialista únicamente atisba depresión, nos aportará una serie de consejos para elevar su ánimo.

Aunque son muy independientes, los gatos necesitan sentirse queridos. Los mejores remedios para la depresión pasan por el cariño de sus dueños. Hablarle en un tono suave, evitar reñirle, el contacto físico a base de caricias, los regalos, los juegos… cualquier interacción con su ‘amigo humano’ aumenta su felicidad. El felino se siente parte importante de su vida, se siente útil. Sacarlo al exterior mejorará su estado de ánimo. El sol también les sienta bien.

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Existen casos extremos de depresión felina en los que el veterinario puede incluso llegar a prescribir antidepresivos especiales para animales. Esto será mala señal porque este tipo de medicamentos pueden traer consecuencias contraproducentes como la adicción del animal al fármaco de por vida.

Alopecia psicógena

Es por ello que comienzan a tener trastornos compulsivos y uno de ellos se centra en la obsesión desmedida por el acicalamiento propio. Se lamen a todas horas porque no saben qué hacer y este roce constante a la hora de relamerse les provoca calvas en el pelo. A este trastorno se le llama alopecia psicógena. También, y de forma indirecta, la excesiva ingesta de pelo puede causarles problemas intestinales.
gato loco
La epilepsia es una enfermedad que afecta a casi todos los seres vivos, incluidos los gatos | Pixabay

Epilepsia

La epilepsia es una disfunción neurológica en el cerebro del gato que se manifiesta en diferentes síntomas, muchos de ellos sumamente alarmantes. Pérdida de consciencia, convulsiones, hipersalivación, micción, defecación… El animal comienza a hiperventilar -normalmente antes de un ataque-, y posteriormente se desata un proceso de ‘locura transitoria’ en el que se produce una hiperactividad insólita que se exterioriza en un estado de agitación y nerviosismo realmente desconcertante.

Las causas de la epilepsia pueden deberse a un patrón genético hereditario (epilepsia idiopática) o a un trastorno físico por un golpe u otra enfermedad. Se da con mucha menos frecuencia en gatos que en perros. “En los felinos, sólo entre el 15 y el 25% son casos de epilepsia idiopática”. Ahora bien, ciertas razas puras tienen más predisposición a sufrirla durante sus primeros años de vida. “La epilepsia idiopática se caracteriza porque suele aparecer en gatos de entre uno y tres años de edad que no suelen presentar ninguna anormalidad/patología entre las crisis”, apunta Flor Dessal, del Centro Clinico Felino Gattos.

Cuando se produce una convulsión, hay que evitar ciertos actos reflejos por nuestra parte porque pueden ser más perjudiciales que la propia convulsión. Nada de taparlo porque podemos asfixiarlo, tampoco le sujetes la cabeza porque le puedes fracturar el cuello, y por supuesto tampoco le des de beber ni de comer (ni siquiera su medicación, si la tiene). Ante cualquier ataque, sea o no convulsivo, hay que visitar al veterinario, que realizará un diagnóstico y elegirá el tratamiento adecuado acorde a los resultados que extraerá de las pruebas previamente realizadas.

Hay que recordar que es una enfermedad que no tiene cura, pero sí se puede luchar para que los brotes estén más espaciados en el tiempo. Es evidente que el gato no tendrá una existencia plácida, pero su esperanza de vida no se verá mermada, siempre y cuando sepamos atenderle. Las estrategias para combatir la epilepsia son variadas. Homeopatía, medicinas, hierbas… las terapias son muy dispares, pero sobre todo hay que minimizar las situaciones en las que el gato pueda sufrir un excesivo estrés.

Estrés

La palabra estrés está asociada a la vida de las personas por el ajetreo diario y demás, pero no es una patología exclusivamente humana. Los gatos también se estresan y tienen sus motivos. ¿Cuáles son? Pues muchos, aunque normalmente están relacionados con lo que es novedoso en su vida y aquello que les supone una falta de control sobre ciertas situaciones: una mudanza, una reforma, la llegada de una pareja o un bebé a la casa, una visita de una persona desconocida, los gritos, los ruidos inesperados, los cambios de comida, la soledad o la falta de atención por parte de sus dueños. 

Si el nuevo miembro de la familia es un perro, el estrés se acentúa. En este sentido, lo ideal es preparar una zona de seguridad para él y realizar la presentación mediante el olor, es decir, cuando el perro aún no ha entrado en la casa. El primer encuentro físico debería tener lugar en esta ‘zona de confort’, así sentirá que tiene el control. Tras el contacto, es fundamental premiar a ambos animales para que se vean como estímulos positivos.

Los delatores de que tu gato está estresado se manifiestan en una excesiva pérdida de pelo, un aumento de nerviosismo, ciertos comportamientos agresivos, pérdida de apetito y/o sed y conductas compulsivas y repetitivas (lamidos, ingesta de objetos no comestibles, mordeduras, arañazos en muebles…).

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enfermedad mental gato
Nuestro gato puede sufrir ansiedad si permanece parado y semidormido durante mucho tiempo | Pixabay

Ansiedad

La ansiedad es, quizás, la patología más relacionada con el resto de enfermedades mentales. Se podría definir como un estado reaccional caracterizado por el aumento de la probabilidad de desencadenar emociones parecidas a las del miedo, como respuesta a toda variación del entorno, tanto interno como externo.
La ansiedad puede tener muchas ‘explicaciones’, pero normalmente está relacionada con algunas carencias en la vida diaria del gato. Los felinos con ansiedad suelen ser aquellos que no tienen sitios altos a los que subirse, ya sean escaleras, estanterías o ventanas; o lugares en los que poder aislarse y evitar el contacto con personas y otros animales. También la manifiestan aquellos gatos cuya caja de arena consideran inadecuada -suele hacer sus necesidades fuera de ella para demostrarlo-, cuando conviven con otros animales o cuando se producen cambios en su entorno físico.
Se manifiesta en cuadros de agresividad, aumentos del estado de alerta e incluso en ataques de pánico. El gato está más irritable y reactivo que de costumbre ante los estímulos ambientales, marca con orina o heces y se muestra especialmente compulsivo en sus rituales de acicalamiento. La ansiedad está muy relacionada con el resto de enfermedades mentales, sobre todo con el estrés, la depresión y la alopecia psicógena. Si vemos que nuestro gato anda agazapado, con la cola enganchada al cuerpo, la cabeza baja y las pupilas dilatadas, es muy posible que estemos ante un cuadro de ansiedad. Los tipos diferentes de ansiedades podrían distinguirse del siguiente modo:

Fobias

El miedo normalmente se considera un comportamiento normal o esperado en el
felino al ser un animal huidizo, pero se convierte en una enfermedad cuando no se habitúa a los estímulos desencadenantes que se presentan regularmente en su entorno (ruidos, personas, otros animales, situaciones concretas (visitas al veterinario, viajes…)

Ansiedad generalizada

Estado de temor y de estrés casi permanente, sin que se pueda determinar una causa desencadenante concreta. “Suelen estar relacionadas con temas neurológicos”, apunta el veterinario Felipe Vázquez.

Ansiedad ligada al territorio

Si se eliminan las marcas territoriales (marcaje facial y con uñas) del gato, por ejemplo en una mudanza, cambio de ubicación o limpieza profunda del mobiliario, el gato puede sufrir ansiedad y aumentará el marcaje con uñas, con orina o facial.

Ansiedad interespecífica por pérdida de rituales

Se produce cuando un gato deja de mantener sus rituales sociales, que tenían una función tranquilizadora, con las personas con las que convive, por ejemplo, cuando éstas ya no están o cambian.

Ansiedad en lugares cerrados

Especialmente ocurre en gatos que viven en apartamentos y en ambientes poco estimulantes y de pequeñas dimensiones y cuando no se les permite desarrollar comportamientos de caza o exploración. Es muy frecuente que desarrollen conductas predadoras dirigidas hacia sus propietarios (morder tobillos, manos…).

Soy periodista y me gusta contar historias. Amigo, hermano y dueño de Lucky, un inquieto podenco andaluz que vive siempre a medio metro de mí. Cada día intento conocerlo un poco más.