¿Puede mi gato ser epiléptico?

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Aunque se presenta con más frecuencia en perros, los gatos pueden ser epilépticos | Shutterstock

Descubre cómo tratar la epilepsia en los gatos con estos consejos y evita que se agrave la enfermedad. Conoce los síntomas más comunes de esta enfermedad.

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No es una patología frecuente en felinos -es mucho más común entre los perros-, pero sí, tu gato podría ser epiléptico. La epilepsia en ellos tiene muchas causas. Puede ser por enfermedades, lesiones cerebrales o desarrollos anormales, aunque en muchos casos se desconoce la razón que la origina. Estamos ante una enfermedad que afecta a casi todos los seres vivos, incluidos los seres humanos, y es un trastorno que dificulta una vida normal al que la padece, ya que en cualquier momento puede sufrir un ataque.

En Wamiz, consultamos con el doctor Felipe Vázquez Montoto, de la Clínica Veterinaria CatDog, quien nos arroja un poco de luz en este controvertido mundo de la ‘psique felina’ y, de paso, nos aporta algunas pistas sobre lo que nuestro gato quiere decirnos cuando algo le afecta en su interior. “Existen una serie de comportamientos extraños en el gato que nos llevan a pensar que está sufriendo algún tipo de patología mental. Excesos de vocalizaciones, cuando maúlla mucho y sin sentido, cuando se mueve en círculos mirándose al costado, cuando se queda mirando al infinito, como si estuviese pasmado; cuando apoya la cabeza contra la pared…” Todas estas conductas obedecen a una razón.

La epilepsia es una disfunción neurológica en el cerebro del gato que se manifiesta en diferentes síntomas, muchos de ellos sumamente alarmantes. Pérdida de consciencia, convulsiones, hipersalivación, rigidez muscular, micción, defecación, pérdida de equilibrio… El animal comienza a hiperventilar -normalmente antes de un ataque-, y posteriormente se desata un proceso de ‘locura transitoria’ en el que se produce una hiperactividad insólita que se exterioriza en un estado de agitación y nerviosismo realmente desconcertante.

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Las convulsiones suelen estar precedidas de una fase de nerviosismo e hiperventilación | Shutterstock

El ataque epiléptico es la presentación aguda en forma de convulsiones, las cuáles pueden tener distintos intervalos, duración y magnitud. En los gatos, las convulsiones más habituales son las que le dejan completamente conmocionado en todo su ser, aunque también se pueden presentar convulsiones de tipo parcial. Sacudidas de cabeza, gruñidos sin sentido, marchas en círculos, ataques a elementos o seres imaginarios, carreras descontroladas, ataques de pánico, salivación excesiva, pedaleos en el suelo, choques violentos contra paredes… los felinos pueden tener sensaciones y emociones extrañas o comportarse de una manera rara. Pueden tener espasmos musculares, violentos e, incluso, llegar a perder el conocimiento.

Las tres etapas de la convulsión

Según el veterinario Juan Carlos Mancipe, de la Clínica Veterinaria Universidad de La Salle, un ataque convulsivo tiene tres etapas:

  1. Fase prodrómica o preictal: Sucede justo antes de la convulsión, con pocos minutos de antelación. El gato estará nervioso, hiperventilará, buscará al dueño mostrando cierta ansiedad o directamente se esconderá en lugares apartados u oscuros, debajo de la cama o de una mesa, por ejemplo. Es fundamental identificar esta fase previa a la crisis para explicársela posteriormente al médico veterinario. Los expertos aconsejan grabar estos episodios para posteriormente enseñárselos. Así, será más sencillo clasificar la epilepsia y alcanzar un diagnóstico.
  2. Fase ictal: Es el episodio convulsivo en sí. Las crisis generalmente duran apenas unos segundos o unos minutos.
  3. Fase postictal: Sucede inmediatamente después de la convulsión. El gato estará embotado, somnoliento o desorientado. Esta etapa puede durar solo unos instantes o alargarse durante días enteros.
Es importante aclarar que los ataques convulsivos no son sinónimo de epilepsia. Las convulsiones pueden aparecer por diversos motivos -enfermedades endocrinas, metabólicas, alteraciones cardiovasculares e incluso por episodios de dolor agudo-, sólo hablaremos de epilepsia cuando la causa de las convulsiones sea intracraneal.

Las causas de la epilepsia pueden deberse a un patrón genético hereditario (epilepsia idiopática) o a un trastorno físico por un golpe u otra enfermedad. Se da con mucha menos frecuencia en gatos que en perros. “En los felinos, sólo entre el 15 y el 25% son casos de epilepsia idiopática”. Ahora bien, ciertas razas puras tienen más predisposición a sufrirla durante sus primeros años de vida. “La epilepsia idiopática se caracteriza porque suele aparecer en gatos de entre uno y tres años de edad que no suelen presentar ninguna anormalidad/patología entre las crisis”, apunta Flor Dessal, del Centro Clinico Felino Gattos.

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Cuando se produce un ataque epiléptico, lo más importante es mantener la calma | Youtube

Cierto es que puede afectar a felinos de cualquier edad, aunque los que sufren epilepsia idiopática tienden a ser más jóvenes –aproximadamente 3,5 años- que los gatos con ataques epilépticos causados por una enfermedad subyacente (una media de 8 años).

¿Qué hacer durante un ataque?

Esta es la cuestión más difícil de contestar. La respuesta se resume en una sola frase: mantener la calma. Se dice muy fácil, pero casi siempre es lo más complicado de cumplir porque nosotros también nos ponemos nerviosos cuando convulsionan.

Debemos evitar que el animal se lesione. Hay que intentar, en la medida de lo posible, protegerlo del mobiliario que le rodea (bordes de mesas, paredes, repisas e incluso lugares elevados). Se deben retirar todos estos obstáculos sin manipularlo y sin sujetarlo ya que el gato está inconsciente y puede agredir o morder involuntariamente. Es conveniente retirarle el posible vómito o espuma de la nariz para mantener sus vías respiratorias despejadas y medir cuánto tiempo dura la convulsión. Otro buen consejo es apagar las luces y los aparatos que emitan sonidos fuertes (radio, televisión, aspiradora…). Se debe anular cualquier estímulo externo que pueda contribuir a alterar aún más al felino.

Si es necesario retirarlo de un lugar peligroso como una cornisa o una ventana, hay que actuar con celeridad. Hay que evitar ciertos actos reflejos por nuestra parte porque pueden ser más perjudiciales que la propia convulsión. Nada de taparlo porque podemos asfixiarlo, tampoco le sujetes la cabeza porque le puedes fracturar el cuello y, por supuesto, tampoco le des de beber ni de comer (ni siquiera su medicación, si la tiene). Durante este episodio, el gato no tiene control sobre ningún músculo, incluso los encargados de la deglución. Cualquier elemento que le administremos puede llegar a la tráquea, pulmones y provocar una brocoaspiración, lo cual puede comprometer su vida.

Además, prohibido mojarlo. El agua no detiene la convulsión. Esto no es como despertar a una persona con un chorro de agua fría para que espabile. El gato está en trance de forma inconsciente y el agua será un estímulo de lo más negativo. Tampoco hay que intentar abrirle la boca. Si tenemos miedo a que se ahogue con la lengua, debemos saber que esto no ocurrirá jamás.

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Tras el ataque, debemos calmar al gato dejándolo que se tranquilice en un lugar seguro | Pixabay

Tras el ataque epiléptico, hay que favorecer que el gato se recupere en un lugar tranquilo y seguro para él. Aunque tenga mucha sed y hambre después de la crisis, conviene retirarle durante un tiempo el agua y la comida ya que podría tener problemas de deglución hasta que recupere por completo los reflejos.

Averiguar la causa, crucial para el veterinario

Ante cualquier ataque, sea o no convulsivo, hay que visitar al veterinario, que realizará un diagnóstico y elegirá el tratamiento adecuado acorde a los resultados que extraerá de las pruebas previamente realizadas. Si ha durado más tres minutos debemos comunicárselo para que este le suministre un fármaco adecuado que ayude a reducir el tiempo del ataque.

Tal y como explica el doctor Fernando Pellegrino, de la Asociación Argentina de Medicina Felina, en la revista Argos, contra la epilepsia es fundamental identificar la causa que la origina. “El éxito o el fracaso del tratamiento se basa en el correcto diagnóstico del síndrome epiléptico. La mejor terapia consiste en la eliminación o la corrección del factor causal, si lo hubiera. El pronóstico, por lo tanto, dependerá de la capacidad del veterinario para determinar y tratar la enfermedad primaria”.

El veterinario sólo recurrirá a medicación anticonvulsivante si el gato presenta más de un ataque al mes y si estos episodios son largos (más de cuatro minutos). Los fármacos en este tipo de patología no son nada aconsejables porque los propietarios se vuelven muy esclavos ya que no pueden saltarse ni una sola dosis (requieren de tres tomas diarias) y los gatos se convierten en adictos -si les falta el fármaco tienen más riesgo de que aparezcan crisis incluso más fuertes-. .

Hay que recordar que es una enfermedad que no tiene cura, pero sí se puede luchar para que los brotes estén más espaciados en el tiempo. Es evidente que el gato no tendrá una existencia plácida, pero su esperanza de vida no se verá mermada, siempre y cuando sepamos atenderle. Las estrategias para combatir la epilepsia son variadas. Homeopatía, medicinas, hierbas… las terapias son muy dispares, pero sobre todo hay que minimizar las situaciones en las que el gato pueda sufrir un excesivo estrés.

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Soy periodista y me gusta contar historias. Amigo, hermano y dueño de Lucky, un inquieto podenco andaluz que vive siempre a medio metro de mí. Cada día intento conocerlo un poco más.