¿Tu perro tiene la rabia? Difícil, pero no imposible

Reconocer la rabia en perros
La agresividad es solo uno de los síntomas de la rabia.

La rabia en los perros es una de las enfermedades más temidas en tu can. Aprende cómo prevenirla y evitar problemas para su salud.

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Vaya una cosa por delante, las probabilidades de que tu perro contraiga la rabia son tan probables como la de que un meteorito aterrice en tu terraza. Oficialmente, España se encuentra libre de rabia desde 1978, al igual que la inmensa mayoría de los países europeos.

De acuerdo, hubo un caso en 2014, pero el animal había estado varios meses viviendo en Marruecos, un país en el que, desgraciadamente, está mucho más extendida. Y sí, no te ocultaremos que este pasado verano el Centro Nacional de Microbiología detectó dos casos, pero fueron producidos por mordedura de murciélagos en dos personas. Ambas se curaron tras recibir el tratamiento adecuado.

Más allá del inmenso mito que acarrea la rabia, espoleado por la literatura, el cine y, desde luego, la propia historia de la enfermedad, la rabia es una enfermedad zoonótica viral de tipo infecciosa. Es causada por el virus Rhabdoviridae que ataca con enorme rapidez el sistema nervioso central con una letalidad, en animales, cercana al cien por cien de los casos. Así lo asegura el Consejo Andaluz de Colegios Oficiales de Veterinarios. El virus se transmite a través de la saliva del animal enfermo. En España la vacuna antirrábica para perros es obligatoria por ley, excepto en Cataluña, País Vasco y Galicia.

Ahora veamos cómo cómo podemos alertarnos de que nuestro compañero puede haber sido contagiado observando estos siete pasos:

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Presencia de una herida sospechosa

Una marca de herida abierta o de mordida debe ponernos sobre aviso en el caso de que nuestro perro no esté vacunado. Es la forma más directa de exponerse a la rabia en el caso de que un animal infectado se la haya producido.

Cambios en el comportamiento

La rabia tarda entre dos y ocho semanas en dar la cara. Y no siempre debemos esperar un comportamiento más agresivo. Si nuestro perro era violento y peleón, lo notaremos de repente más calmado. Si lo contrario, veremos más agresividad en él. El animal se mostrará en general nervioso y buscará aislarse, esconderse de nosotros.

Escalofríos, fiebre, vómitos… las señales físicas

Son múltiples los fallos fisiológicos que comienza a tener un perro contagiado, porque además estos se presentan en racimo, por lo que rápidamente veremos que necesitamos atención veterinaria de inmediato. Escalofríos, fiebre, fotofobia (miedo de las luces brillantes y de la claridad), vómitos, diarrea, tos seca y persistente y problemas al tragar son algunos de los síntomas más comunes.

Los animales que son mansos se vuelven repentinamente violentos. Y a la inversa.

Fase paralítica o muda

Aunque es común, no en todos los contagios se desarrolla. Se caracteriza por la paralización de los músculos del cuello y de la cabeza de nuestra mascota. Es aquí cuando la enfermedad produce la fotografía más característica, la del perro con la boca abierta de forma constante y con desorbitada salivación espumosa.

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Miedos repentinos

Desinterés en la comida, pánico al agua, irritabilidad sin motivo incluso en cachorros y comportamientos anormales como morder rocas o incluso sus propias patas son otras de las señales inequívocas de que algo no va (nada) bien.

Asfixia

Si la parálisis que trae consigo la rabia llega a afectar al diafragma, el perro morirá asfixiado. Previamente su respiración se habrá hecho cada vez más fatigosa y ronca.

No olvides que hay síntomas que pueden confundirnos

Como tantos otros cuadros víricos en humanos y en animales, hay síntomas que pueden hacernos creer lo que no es. Si no vemos herida alguna pero nuestro perro presenta algunos de los síntomas anteriores podremos pensar en enfermedades y problemas (todas ellos graves) como la hepatitis, la intoxicación por químicos, la presencia de un tumor cerebral que ha dado la cara, la toxoplasmosis y el tétano, entre otras. La asistencia veterinaria se hace absolutamente urgente.

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Periodista. Hablo de animales y de cultura. Y me empeño en conectar una cosa con la otra. Pero no siempre. Cuando me preguntan por mi vida pienso en los perros que me han acompañado hasta hoy. Bueno, y en los gatos. Y en los hámsters, y en las palomas... Por el camino decidí hacerme vegano.