Me regalaron a Greta (nombre incluido) cuando tenía como un mes de nacida.
Siempre me han gustado los perros pero nunca tuve uno totalmente mío. Me daba miedo hacerme cargo de ella porque no sabía si lo haría bien. Decía yo que ser el dueño de un perrito era castigarlo.
Me acompañó 16 años. En viajes. En mudanzas. Compartíamos la cama. Muchas veces fuimos solo yo y ella. No era yo consciente de que, a pesar de mi independencia, realmente siempre ella estuvo allí por mi. Una perrita dulce, enérgica, protectora. Muchas veces que yo oí ruidos o pensé que había algún riesgo, solo mirarla y sabía que todo estaba bien.
Hacia los 14 años mostró deterioro cognitivo y pérdida de la visión gradual. Mi perrita dejó de ser esa persona inquisitiva, curiosa, enérgica y dinámica. Se fue convirtiendo en un animalito que me partía el corazón, que se quedaba atorada en rincones en mi asuencia, que pisaba su comida, que se ensuciaba en cualquier sitio, que no reconocía cosas. La abrazaba por ratos y se calmaba y se dormía en mis brazos y ya entonces me aterrorizaba lo que se acercaba.
Tenía una especie de tos que yo creía una infección y eventualmente me dijeron que podía ser síntoma de un soplo cardiaco. La llevé a revisión y dijeron que eran inicios de eso mismo, por lo que la llevé a tratamiento. Parte de la preparación era verificar su estado de salud, porque alguna condición podía hacer riesgoso el tratamiento.
Resultó que presentaba proteinuria. La perrita estaba perdiendo proteina a través de la orina. El veterinario me dio un montón de medicina. Vi a la perrita estar un poco menos atenta, pero asumí que eran molestias aducibles a la toma de la medicina y persistí en dársela, sobre todo porque los síntomas de su enema comenzaron a desaparecer. Tuve algunas dudas que plantee via mensajes (tal como se supone que se hiciera en caso de consultas de la medicina) pero ya no me contestaron.
Un día que la abracé y que la veía débil, me aterroricé cuando vi que tenía un poquito pelado el lomo. El otro perrito la lamía y aparentemente eso hizo que se viniera el pelo, pero yo no lo había visto. De pronto la noté muy débil y con ese detalle, yo había estado fuera 3 días aunque alguien me ayudaba a cuidarla.
Como eso fue una noche, la velé un rato y al otro día la llevé el veterinario.
Lo que me dijo fue desvastador. La perrita, entre otras cosas tenía una anemia que la tenía casi con una cuenta nula de glóbulos rojos. El veterinario me dijo que podía intentar una transfusión, pero que lo más probable es que ella muriera en el transcurso del día y solitaria.
Indescriptible lo que sentí. El veterinario hasta intentó consolarme. Solo atiné a pedir que le permitiera descansar (más tarde me cuestionaría lo "rápido" que lo decidí y lo que me hizo sufrir luego recordarlo así). Y me quedé con ella hasta el último instante y un ratito después, con ella en mis brazos, semi inconsciente desde un inicio hasta que dejó de respirar. Luego hice los arreglos para su cremación. Con todo, jamás imaginé que regresaría sin ella a casa ese día.
Eso fue el 27 de marzo de 2025.
La cosa es que, simplemente no puedo dejar de llorar cada que la recuerdo por más de 30 segundos. Siempre creía saber todo lo que apreciaba tenerla, pero hoy sé que es más de lo que yo creía. Y aunque creo poder separar el arrepentimiento de muchas cosas de el verdadero dolor de no tenerla, simplemente no logro que los recuerdos bonitos, tantos!, me vengan a la mente. Solo pienso en que mandé eutanizarla, el error de no verificar que el veterinario estuviera tomando medidas para la proteinuria, el no usar otro alimento, otra agua, más cuidados, todo. Tantas cosa que pude hacer. Si debí esperar al final. Los paseos, las alegrías, la atención que pude darle y por una cosa u otra no le di. Tengo muchísimas fotos, pero pienso en las que no le tomé. Y a mi mente no vienen 14 años, vienen el último año, lo perdida que se veía, el caminar lento, la mirada perdida, su aspecto de abandono. Lo mucho que ya no era ella misma. Y lo mucho que igual me hace falta aunque fuera en su última versión. Los años que la cuidaría así de necesitada solo porque estuviera aquí.
Y a estas alturas, solo aspiro a ir perdiendo el dolor y cambiando los recuerdos tristes por tantos alegres que hubo.
No sé si pueda pasar por eso otra vez, pero si puedo ayudar a otro perrito, sé que lo haré.
Espero estar en posición de aconsejar a alguien algún día a este respecto.