Hola,
Me presento: soy Isabelle y vivo sola en un piso con mis dos hijos adolescentes (una chica y un chico).
En casa tenemos tres gatos. El padre, la madre (que ha parido dos veces dando a luz a 8 gatitos en total), ambos de cuatro años (Simba y Nala), y el único gatito (Pumba) —la referencia cinematográfica no se os habrá escapado— que me quedé, que tiene dos años. El problema es que la madre rechaza de manera tajante a su hijo. No es una simple antipatía, sino que adopta una actitud realmente muy agresiva y ofensiva hacia él. Los conflictos se repiten varias veces al día. Eso sí, no le muerde, pero le araña mientras bufа. Él tampoco se queda corto y a veces la provoca, lo que hace que la cosa escale muy rápido hasta convertirse en una pelea violenta que nos hace la vida del día a día bastante difícil. Muchas veces la pillo vigilándole agazapada en un rincón, con las orejas echadas hacia atrás como un animal salvaje a punto de lanzarse sobre su presa. Tengo la sensación real de que lo ve como un enemigo o una amenaza. Añado que tiene un territorio muy marcado que no comparte bajo ningún concepto. Paradójicamente, comer juntos en el mismo sitio y al mismo tiempo no les supone ningún problema.
Me permito añadir cuatro puntos: 1. Los tres están castrados/esterilizados.
2. Al padre lo quieren tanto la madre como el gatito.
3. La madre tiene un problema de higiene: compré un arenero cerrado con ventanilla. No le gustó nada. Desde entonces, aunque orina bien en un arenero tradicional abierto (manteniendo el cuerpo lo más fuera posible), defeca sistemáticamente en el suelo (algo que antes no hacía). He intentado reeducarla, sin éxito.
4. Este último punto me parece importante y sospecho que puede ser en parte el origen del problema: durante un tiempo, la madre estuvo fuera de casa porque se la regalé a una amiga que finalmente no quiso quedársela y me la devolvió. Esa ausencia duró aproximadamente tres meses, que era más o menos la edad que tenía el gatito por entonces.
Espero haber sido lo más exhaustiva y precisa posible al describir el problema. He contemplado, aunque a regañadientes, la posibilidad de separarme de la madre o del gatito, pero no contaba con el apego tan comprensible que tienen mis hijos hacia toda la familia felina.
De antemano, os agradezco infinitamente cualquier opinión y consejo que podáis darme. Sé que a primera vista puede parecer una tontería, pero os aseguro que en el día a día es especialmente pesado de llevar para toda la familia.
Gracias por vuestra ayuda,
Un saludo,
Isabelle