Hola a todos,
Esto es un SOS de una mujer desesperada. Perdón por el tocho.
Toda mi vida he vivido con gatos. Mis dos gatitas anteriores vivieron 21 años cada una. Hace ya 4 años adopté a mi gatita cuando tenía 8 meses. Por aquel entonces vivía en un piso grande sin acceso al exterior con mi pareja de toda la vida. Esta gatita pasó sus primeros 4 meses de vida como gata callejera. Luego la acogió una familia de acogida, y pasó por 4 familias en pocas semanas antes de que la adoptáramos nosotros.
Esta gatita es un amor con patas, al menos con nosotros dos. Es hostil, incluso muy agresiva con los desconocidos, pero con nosotros es una auténtica lapa, y la adoro. Pero... siempre ha tenido problemas de comportamiento que me amargan la vida...
Cuando la adoptamos, se volvía loca por las noches: maullaba muchísimo (¡pero es que aullaba!), llegó a AGUJEREAR una pared a base de arañarla porque no la dejábamos entrar en el dormitorio, se lanzaba literalmente contra las puertas después de arañarlas hasta estropearlas, y meaba por todas partes... Después de eso, pensando que era la soledad, le trajimos un hermanito. Tardó unas semanas en aceptarlo, pero enseguida se hicieron muy amigos.
Su comportamiento se había calmado, aunque de vez en cuando seguía orinando por ahí. Tampoco era muy frecuente.
Nos mudamos al cabo de unos meses. Empezó a orinar mucho más. Pensando que la mudanza le había afectado, nos equipamos con difusores y spray Feliway, le dimos Zylkene por recomendación del veterinario... Pero era cada vez peor. Meaba varias veces al día POR TODAS PARTES, menos en el arenero. La cosa empezó a ir mal con mi pareja, nos peleábamos a menudo por mil cosas, pero la gatita siempre salía en la conversación: ya no nos sentíamos en nuestra casa, y llevábamos dos años sin pegar una noche entera. Acabamos separándonos después de 10 años juntos.
Terminé en un estudio de 30m² con mis dos gatos, habiendo perdido al amor de mi vida, y ahí fue cuando mi vida se convirtió en un auténtico infierno. Con tan poco espacio, pero haciendo lo que podía para salir adelante con mi sueldo escaso sin dejar de cuidar el bienestar de mis gatos, la Gatita empezó a hacer lo que más temía: mear en el sofá, e incluso me meó encima mientras dormía en mi cama. Durante un año y medio, no podía invitar a nadie a casa, ni siquiera a mis padres. Todo el mundo me miraba raro, me moría de vergüenza y estaba al límite. Fue una época muy dura para mí, y todo esto claramente no ayudaba. Acabé tomando antidepresivos.
(Continúa en el siguiente mensaje)