He tenido en acogida a gatitos muy independientes (que pasaban de las caricias, ¡jugar y explorar les parecía mucho más interesante!) y que se volvieron supercariñosos al crecer. Incluso pensaba que todos los gatitos eran así hasta que conocí a Rangoon, que él sí que es muy apegado a mí. Hay que decir que al peque no lo crió su madre, sino humanos que estaban todo el día encima de él, dándole mimos, rascaditas, achuchones y besitos. ¡Le pilló el gusto!
Deja que tu gatita vaya a su propio ritmo, acompáñala en sus ganas de explorar y de cazar, juega con ella, háblale suavemente...
Cuando te haya cogido confianza, se relajará y se acercará más a ti. Pero aunque se ponga a dormir pegada a ti, no la fuerces a que se deje acariciar.
Háblale, deja que te huela (las feromonas humanas están sobre todo detrás de las orejas, a la altura del lóbulo). Frótate la parte de atrás de la oreja y acércale el dedo (sin tocarla, solo hablándole). Deja que te huela, los gatos entienden gran parte del mundo a través del olfato. Al notar tu olor, debería restregarse un poco más contra ti para dejar su propio olor en tu piel.
Después de eso, es posible que ya no vea tu olor como una amenaza y que acepte (un poco) mejor las caricias, pero tómate todo el tiempo que haga falta, ve a su ritmo y para en cuanto ella te lo pida.
Evita los perfumes o desodorantes cuando sudes, por ejemplo cuando haga mucho calor o después de hacer deporte; deja que te huela antes de lavarte o de ponerte desodorante, tiene que acostumbrarse a tu olor corporal natural y asociarlo a tu voz.
¡También puedes darle una chuche con cada caricia para que lo asocie con un momento agradable!