Ya había escrito un post hace tiempo sobre Yumi, que ahora tiene 8 meses, porque a veces se ponía agresiva conmigo.
Hoy es que ya no puedo más, pero por más motivos todavía.
Me está amargando la vida. Cuando me despierto por la mañana, se me pone un nudo en el estómago porque sé que mi día va a ser otra vez complicadísimo.
La tía tiene de todo para ser feliz: rascadores altos, comida de calidad a su disposición, una fuente, el arenero siempre impecable, túneles, una casita de cartón que le hice yo misma, rascadores de pared... Tiene tantos juguetes que tuve que comprar un cajón para guardarlos. Y encima tiene mi presencia las 24 horas del día.
Pero por lo visto no le basta. No trabajo, así que estoy constantemente con ella. Todos los juguetes que le flipaban antes han dejado de interesarle, y eso que voy rotándolos. Le muevo sus cañas favoritas y me recorro el piso corriendo con ellas, pero nada, ni se inmuta. Le tiro bolitas de papel, corre un poco y enseguida deja de jugar. Le acabo de comprar un circuito con una bola con luz, un peluche relleno de catnip (hierba gatera) y matatabi, y otra caña nueva, pero pasa olímpicamente. Al final acabo desistiendo y ahí es cuando empieza a hacer todas las trastadas que tiene prohibidas: rascar el papel de la pared, las cortinas, el tapiz, intentar trepar por las plantas o atacarme a los brazos, a las piernas y, en el peor de los casos, a la cara.
Cuanto más le prohíbo una cosa, más la hace.
Y eso que estamos súper unidas. Me sigue a todas partes, duerme siempre encima de mí, se me sube a los hombros y se tumba ahí.
Me he gastado un dineral en ella, pero eso no es nada comparado con toda la energía que he invertido y que intento sacar de donde no hay cada día.
Por la noche, cierro la puerta de mi cuarto para dormir tranquila y no la oigo en toda la noche, se queda frita todo el rato. Cuando salgo de casa, al volver todo está igual, ella sigue durmiendo. Básicamente, si yo no estoy, no hace nada, no sabe jugar sola. Así que cuando vuelvo, o cuando me despierto, ella está a tope de energía y me reclama todo el tiempo.
Pero yo ya no puedo más, estoy agotada, de bajón y se me han acabado las ideas para estimularla.
Me da la sensación de que no es feliz a pesar de la vida de lujos que me desvivo por darle.
A veces me saca tanto de quicio que, por un segundo, me imagino abriendo la ventana para que se largue.
A veces pienso que le vendría bien otro gato para que le haga compañía, pero la verdad es que no me llega el presupuesto para un segundo y me da miedo que pase lo contrario, que no lo acepte por lo posesiva que es y acabar en una situación aún peor que la de ahora.
Si alguien está pasando por lo mismo o lo ha vivido, y tiene algún consejo o su opinión, os escucho, porque ahora mismo me siento súper sola.
