Si no lo consigues es porque, o bien te da exactamente igual y no calculaste bien tu capacidad de aguante al recibir a un nuevo miembro en la familia, o porque no escuchas los consejos que se te dan, o porque proyectas tus propias ansiedades en el perro, de las que a menudo ni eres consciente.
Cuando te preguntamos si puedes separarlos de otros animales que ya tengas en casa, no es por capricho, es porque hace falta un tiempo de adaptación.
Pero todos esos que devuelven a un perro porque le ha enseñado los dientes a otro, porque a alguien de la familia le da miedo, o por cualquier otra supuesta "razón válida", suelen ser personas que no quieren molestarse en trabajar para conseguir resultados. Y, sobre todo, que ni intentan analizar la situación o se dejan aconsejar por "supereducadores" autoproclamados que solo quieren imponer dominancia en lugar de intentar entender al animal.
Otra cosa: cuando ves programas de adopciones en la tele y ves que incluso en las protectoras hay gente que va a abandonar, ¿no te planteas si la culpa es de la protectora o del criador al que se lo compraron? Un poco de sentido común, por favor, conecta las neuronas e intenta abrir un poco la mente.
¿Por qué no haces autocrítica y te preguntas en qué has fallado tú? ¿Es muy difícil? ¿Prefieres echarle el muerto a las asociaciones para no reconocer que no has estado a la altura? ¿Tan buena imagen tienes de ti mismo que no aceptas que se vea un poco tocada?
Te digo una cosa: los perros que no son adoptables no se ponen en adopción. Si has adoptado a un perro, ya sea rumano, búlgaro, serbio, húngaro, moldavo, ucraniano o incluso ruso o chino, sin olvidar a los españoles, es porque querías hacer un rescate, ¿no? Pues devolver al perro a los tres días porque se ha meado en la alfombra o por cualquier otra excusa barata es, sencillamente, de ser un egoísta.
Pocos son los perros que no terminan adaptándose, con más o menos tiempo.
No escuchaste nada de lo que se te dijo en las entrevistas telefónicas previas a la adopción; estabas tan convencido de que ibas a hacer una buena obra que no lo hiciste por el perro, sino para que tu propio ego se sintiera gratificado.
Para reflexionar: quien quiere ahogar a su perro, de rabia lo acusa.