¡Hola a todos!
Soy nuevo por aquí y, como ya no sé qué hacer, os escribo a ver si me podéis echar una mano y me dais alguna respuesta.
El caso es que el sábado pasado mi pareja y yo fuimos a una feria de cachorros y volvimos a casa con una bolita de pelo de 2 meses, un golden retriever.
Hablamos con la criadora porque no estábamos muy seguros de tener un perro de esta raza en un piso, pero ella nos juró que no habría ningún problema.
Así que compramos todo lo necesario para que estuviera bien: un trasportín de tela en el salón con su camita dentro y un cojín enorme, comedero, juguetes, correa, collar, etc. Vamos, el pack completo.
Desde el domingo ya hemos conseguido enseñarle que las cosas se hacen fuera (tenemos un jardincito privado). A veces por la noche se le escapa un pis, pero nada grave.
Con la correa y el collar le cuesta un mundo (se pone de morros y se queda bloqueado, aunque poco a poco lo va aceptando).
Pero desde que llegó tengo la sensación de haber metido la pata al adoptarlo. No me siento nada bien y eso que me encantan los animales.
Se me pasan por la cabeza ideas como devolverlo a la criadora o venderlo, aunque no quiera pensarlo. Y me siento fatal por ello.
Igual es por el cambio tan radical que ha pegado nuestra vida.
Mi novia de momento no ha vuelto a las clases del teórico de conducir; quiere intentar ir una hora y dejarlo solo, pero ya me imagino el percal.
Lo de apuntarme al gimnasio ahora mismo es impensable. Siento que ya no tenemos tiempo para nosotros.
Por la noche y por la mañana llora y aúlla un montón cuando lo dejamos en el salón para dormir. He probado a ponerle una botella de agua caliente para que le recuerde al calor de sus hermanos, pero no hay manera.
Cuando al final voy a verlo a los 15 minutos (a la una de la mañana... los vecinos deben de estar contentos), se pone supercontento y se me tira a los pies para no moverse de ahí, o me sigue a todas partes pegado a mí si me muevo.
Me rompe el corazón volver a meterlo en su sitio y decirle que no se mueva, solo para oírlo llorar en cuanto cierro la puerta.
Me gustaría llevármelo con nosotros para consolarlo, pero sé que si cedo, me cargo su educación.
Me cuesta mucho ser duro con él y decirle que no cuando está a tope, aunque haga alguna trastada. Luego me arrepiento porque, al final, me ablanda el corazón.
Pero me siento mal...
El sábado por la mañana vamos a ir a una escuela de cachorros con la esperanza de aprender mucho.
¿Qué puedo hacer? ¿Me podéis dar algún consejo, por favor?