Me siento muy identificada con muchos de los testimonios de arriba; a veces la vida te da sorpresas y acabas adoptando a un animal que parece imposible de querer, pero en cuanto le das una oportunidad, te llena el corazón.
A ti te pasó que tuviste un flechazo con tu primer perro, pero con el segundo no. Yo, como muchos han dicho antes, también soy de esas que no se enamoran locamente a primera vista.
Mis animales son seres vivos, igual que una persona que no conozco de nada pero que podría acabar siendo un amigo o algo más; no me encariño nada más verlos, sin conocerlos de nada.
La relación con mis animales surge de lo que hacemos juntos y de ir conociéndonos, de ese descubrimiento mutuo.
Simplemente voy aprendiendo cómo son, los voy descubriendo y, con el tiempo, veo que son divertidos, que les gusta esto o aquello, y ahí es cuando se crea el vínculo.
Estoy convencida de que a ellos les pasa igual. Menos mi dingo, que se enamoró de mí nada más verme 😅
Pero un cachorro que acaba de dejar su casa y a sus hermanos, un gato que vivía en la calle, un perro recién salido de una protectora...
Le gusta el hogar que le doy, la seguridad, los paseos, sus sitios para dormir... pero todavía no me conoce.
Va conociendo mis tonos de voz, mis reacciones, y se va apegando a mí.
La diferencia es que yo ya lo sé, así que no le doy ninguna importancia a eso de no "querer" de entrada a un animal que acaba de llegar a casa.
No es que lo odie... es que simplemente no me como la cabeza con el tema. Para mí es lo más natural del mundo ir descubriéndonos y construir una relación y una confianza mutua.
Eso sí, reconozco que por mi parte disfruto mucho conociéndolos, incluso antes de disfrutar de su compañía. Me encanta ver si a este le gusta nadar, si al otro le gusta rastrear, si aquel prefiere jugar a la pelota o si el de más allá prefiere jugar a pelearse... etc.
Pero a lo mejor tú no le encuentras el gusto a nada de eso porque tienes esa sensación de que DEBERÍAS quererlo ya, y de momento no es así.
Al igual que con el sueño, el enemigo del amor es forzar las cosas o empeñarse demasiado.
Y eso que dices de que ya no disfrutas de tu perro... ¿de verdad es así? ¿Ya no salís de paseo, no tenéis momentos de mimos o de juego? ¿O es que simplemente ahora es distinto?
Dices que tu perro tiene miedo de la pequeña, pero hace falta un tiempo de adaptación. Un perro que está equilibrado y a gusto (como seguro que acabará estando la nueva, al haberla adoptado de jovencita) es el mejor apoyo para un perro miedoso.