En junio de 2018, un simple mensaje en Facebook cambió la vida de muchas personas y de
muchísimos animales. Vecinos de Mazarrón, unidos por la preocupación y el amor hacia los
animales callejeros, decidieron reunirse para buscar una solución real. De aquel encuentro
nació APROAMA: una asociación creada desde la generosidad, la empatía y el compromiso
más profundo con los seres que no tienen voz.
No teníamos ayudas económicas ni un lugar donde resguardarlos. Solo teníamos ilusión,
voluntad y un amor inmenso por los animales. Tocamos puertas, pedimos patios prestados,
habilitamos rincones cedidos por personas solidarias. Y así, con dos pequeños espacios
improvisados, llegó nuestro primer rescate: Nica. Una perrita asustada, frágil, pero llena de
vida. Ella se convirtió en el símbolo de nuestro inicio y en la primera de cientos de historias
de esperanza.
Las voluntarias son el alma de APROAMA. Son mujeres y hombres que, sin recibir nada a
cambio, madrugan, limpian, curan, abrazan, rescatan y acompañan. Personas que han
decidido que ninguna vida merece sufrir en soledad. Cada una aporta su tiempo, su energía
y una parte de su corazón. Gracias a ellas, la esperanza tiene nombre.