El martes 28 de abril de 2026, una de mis niñas, Rosalie, una sagrado de Birmania lila que acababa de cumplir 6 años el 3 de abril, nos dejó en cuestión de unas horas.
Rosalie era una gata excepcional, con una sensibilidad enorme; llevaba fatal que mi hija no estuviera en casa y tuvo varias infecciones de orina por eso. La última fue a finales de febrero, hace nada, así que le hicimos radiografía, eco y tratamiento... sospechábamos algo porque ya había tenido otra en diciembre y no salió nada raro. Al final, la veterinaria y yo llegamos a la conclusión de que era por el estrés de cuando mi hija se fue a casa de su abuela una semana, que no lo llevó nada bien.
El lunes por la mañana Rosalie estaba normal, muy cariñosa; le encantó su momento de cepillado como siempre, pidió su comida húmeda como siempre y comió como siempre. Ese día tuvimos muchos recados y volvimos a primera hora de la tarde; solo tenía un ojo un poco lloroso. Antes de irme a clase pensé que tendría que vigilarla porque ya tuvo conjuntivitis justo después de la última infección, pero no creí que tuviera que ver. Vuelvo de comprar sobre las 19:00 y está tumbada, se la ve un poco tristona, pero como habíamos estado fuera parte del día, era normal que estuviera de morros, así que no me preocupé demasiado, aunque la vigilaba porque tenía un mal presentimiento... y pensar que el día anterior decía que las feromonas que llevaba usando un mes parecían funcionar y que estaba a tope. Sigo vigilándola y, como no se mueve, le doy chuches y las rechaza. Ahí empiezo a rayarme, le tomo la temperatura y es normal, así que decido esperar para llamar al veterinario. Me ocupo de mis pájaros por si acaso, intento darle su comida y pasa de todo, y ahí no me da tiempo ni a decirle a mi marido que llame a la clínica y busque el número de urgencias (no lo sabíamos porque nos mudamos hace un año y por suerte aún no habíamos tenido que ir de urgencia).
No dio tiempo a nada, empezó con convulsiones y creo que ya no volvió en sí, fue imposible. La cargamos y llegamos al veterinario, donde la profesional llegó 20 minutos después. Mientras tanto, le dio un paro cardíaco y conseguí reanimarla con un masaje, pero desde el principio la veterinaria me dijo que pintaba fatal. Le hizo análisis de sangre y radiografía, y me dijo que los riñones estaban bloqueados y que estaba en coma. Los análisis mostraron que tenía la glucosa altísima y los marcadores renales también, pero me dijo que lo "bueno" es que aún se podían medir. La prioridad era ver si era diabetes o si era por el shock. Le hizo pruebas neurológicas, le puso una inyección para calmarla y se confirmó que el azúcar era por el shock. Nos hablaron de operar los riñones si conseguía estabilizarse y sobrevivir a la noche; era una intervención muy costosa, pero dijimos que sacaríamos el dinero de donde fuera, que había que hacer lo que hiciera falta por salvar a nuestro tesoro. La dejamos allí sobre medianoche esperando la llamada por la noche para decirnos que había fallecido o al día siguiente para ver cómo estaba. La llamada llegó a las 9:10 diciéndome que Rosie no había salido del coma y que no se podía hacer nada.
Fuimos con ella, nos dejaron un rato para despedirnos y se fue a las 10:32.
Estamos desesperados, sobre todo mi hija, que no come ni duerme.
Te queremos, Rosalie, te echamos de menos y siempre te querremos.
Duerme tranquilita, pequeña.
Todo esto para deciros que tengáis cuidado con vuestros gatos cuando tengan este tipo de problemas a menudo. Pienso que si hubiéramos hecho pruebas más a fondo y no le hubiéramos echado toda la culpa a la ansiedad, quizás habríamos podido hacer algo antes.
Si la hubiera llevado antes... aunque la veterinaria me dice que no habría servido de nada porque fue fulminante, siempre me quedará la duda.