Quería contaros una situación que me ha pasado con mi perro y mi gato.
A los dos los llevé al veterinario a la vez y, por los análisis de sangre, ambos tenían problemas de hígado. No recuerdo exactamente los detalles, pero les recetaron Silycure. Eran unas pastillas redondas y grandes. El gato tomaba un poco menos, creo que un cuarto de pastilla, y el perro media pastilla por la mañana y media por la noche, si no recuerdo mal.
El caso es que, en una semana, a los dos les dio un ictus.
El gato se cayó de la mesa a las 3 de la mañana y murió en solo 30 minutos delante de nosotros, sin que pudiéramos hacer nada. Intentaba rascarse la oreja muy fuerte con la pata de atrás y tenía la cabeza ladeada. No le dio tiempo ni de llegar al veterinario. Dio un último suspiro y se acabó todo.
Tres días después, al perro le dio un ictus en mitad de la noche, también con la cabeza ladeada. Fue imposible contactar con el veterinario, así que no pudo ir hasta la mañana siguiente. Y ahí nos dieron el diagnóstico: un ictus.
Con el perro es seguro al 100 % que fue un ictus. Con el gato, desde luego, se le parecía muchísimo.
En ese momento decidí dejar de darle el Silycure al perro. Y nunca más volvió a tener un ictus.
Eso sí, estuvo con Candilat y cortisona durante una semana. Después, me hicieron seguir con el Candilat de forma indefinida, durante casi dos años.
Al cabo de dos años, el perro casi no podía orinar. Lo vuelvo a llevar al veterinario y me dicen que es una cistitis, que los riñones están bien. Con 14 años y medio, los riñones todavía le funcionaban bastante bien.
Así que le doy la medicación. En cuanto acaba el tratamiento, otra vez igual: casi no puede mear.
Entonces decidí darle el primer medicamento que el veterinario me había recomendado por teléfono en mitad de la noche: Dermipred durante dos días. Por supuesto, también le quité el Candilat.
Resulta que cuando lo llamé por teléfono porque no podía orinar de noche, el veterinario me dijo que le diera un Dermipred que ya tenía por casa y luego otro medicamento durante una semana: Meloxydil durante siete días.
Durante esos siete días, la cosa mejoró ya desde el día siguiente. Pero al octavo día, otra vez lo mismo.
Ahí ya cogí el toro por los cuernos y le quité el Candilat porque, qué casualidad, tres horas después de darle el Candilat, la cosa empeoraba todavía más con el tema de la orina.
A la mañana siguiente le doy un Dermipred. Va mejor. Al día siguiente, como todavía le costaba un poquito orinar la noche anterior aunque iba mejor, le vuelvo a dar un segundo día de Dermipred, por si acaso, para eliminar por completo los efectos del Candilat.
Después de eso, lo dejé todo.
Y ahora orina normalmente.
Vamos, que en resumen: fue dejar el Candilat y se acabaron los problemas. Solo hicieron falta dos días de Dermipred para calmar lo que el Candilat parecía haber provocado.
Y desde entonces, nada de nada. Ni un solo problema.
Llevo unos quince años sin vacunar ni a mis gatos ni a mi perro. En estos años he llegado a tener hasta seis gatos y dos perros a la vez. Y en quince años, ninguno de mis animales se ha puesto enfermo ni ha tenido problemas por no estar vacunado.
En cambio, cuando sí los vacunaba, me encontré con casos de fibrosarcoma, siempre con consecuencias dramáticas. Esa fue, de hecho, una de las razones por las que dejé de vacunarlos.
Si ya de por sí no los vacunaba, con esta experiencia extra con los tratamientos veterinarios, uno ya no sabe en quién confiar.
Y ni hablemos de las pipetas antiparasitarias y de todos esos productos potencialmente peligrosos. Lo mismo: las pipetas las uso poquísimo, solo en verano cuando me parece necesario.
Al final te preguntas para qué los llevas al veterinario, de verdad. Tiene 14 años y medio, está ciego, pero ha recuperado un poco el ánimo.