Nunca lo había pensado así, pero esta vez ha sido tan exagerado que me he quedado dándole vueltas.
Mi gata es muy cambiante. A veces es supercariñosa, tranquila y está siempre pegada a mí, y otras es superdistante, se pone de los nervios y le da por escaparse.
La semana pasada, por ejemplo, estaba insoportable. Se escapaba todo el rato, apenas comía nada, estaba muy distante y muy nerviosa. Pero no parecía nada preocupante de salud, no estaba apagada, ni agresiva, ni le molestaba que la tocáramos.
Desde hace unos días ha vuelto el doctor Jekyll: come bien, duerme un montón, está supermimosa y disfruta a tope del jardín sin intentar salirse. De nuevo, vuelve cuando la llamo (con el aviso de "entra, entra, entra" que le digo mientras camino tranquilamente detrás de ella; si no está de humor, nos echamos unas carreras por el jardín), o incluso entra ella solita.
El único cambio: hemos pasado de un bochorno sofocante y pesado a un fresquito otoñal, pero sin tormentas.
Y claro, me surgen dudas:
¿será casualidad?
¿por el tiempo salen menos los otros gatos? ¿hay menos pájaros en el jardín?
¿la lluvia "limpia" los rastros de olor?
¿los cambios de presión en la atmósfera y la electricidad?