Me pasa un poco lo mismo con Shelby (una gatita de 6 meses). La adoptamos en agosto, justo cuando terminó el destete, y en mi vida he visto un gato que maullara tanto. Se pone delante de la ventana y hace como si estuviera hablando con su reflejo; se puede tirar así horas haciendo unos maullidos cortos, ¡como si tuviera un chicle en la boca! Es un poco raro, pero ya nos hemos acostumbrado. Además, maúlla muchísimo y bastante fuerte. Se planta detrás de la puerta del cuarto de mi hijo para que le abra y así llamar su atención, que bueno, dentro de lo que cabe es normal. Pero es que por el día, si alguno de nosotros va al baño, por ejemplo, se queda detrás de la puerta llorando hasta que salimos. Todavía no la dejamos entrar en la cocina porque la casa es grande y le tenemos limitado el espacio al salón, el comedor, el recibidor y las habitaciones de los niños (si ellos quieren). Lo ha pillado perfectamente y ya no me hace falta ni cerrar la puerta de la cocina cuando estoy dentro: se queda en la entrada y me mira mientras hago cosas. El tema es que muchas veces se queda en el salón y empieza a llorar, o sea, maúlla super fuerte y yo lo interpreto como si estuviera llorando. Mi hermano tiene una teoría: dice que como somos una familia de charlatanes, la gata ha salido igual y se pasa el día dándole a la lengua, incluso cuando está sola. No sé yo... pero es verdad que la acogimos en una época rara con todo lo de los confinamientos y demás, y me da miedo que se haya acostumbrado a que estemos siempre con ella, menos por la noche, claro, que se queda sola en el salón. Por eso, en cuanto salimos de una habitación, se pone a "llorar". Después de tantos años teniendo gatos, he aprendido a distinguir los maullidos de cuando piden algo, como cuando no tienen comida o agua, o si el arenero está sucio... Pero esto es otra historia, nunca había tenido un gato que se portara así. Lo mismo con los mimos: viene a pedir que le hagas caso, se te sube al regazo, la acaricias y, de repente, te pega un bocado en la mano. Sin apretar, claro, pero lo hace. No entendemos muy bien por qué; he leído que puede ser porque quiere jugar, pero es que jugamos un montón con ella, tiene de todo: cañas de pescar, plumeros, ratoncitos, varitas con cintas de colores... Vamos, que con esta gatita sentimos que estamos empezando de cero con el tema de la educación. Supongo que, como nos pasa a los humanos, cada gato tiene su temperamento y su forma de ser, y poco se puede hacer. Pero bueno, la adoramos, es la pequeña de la familia y, como suele pasar, ¡va a terminar siendo la más consentida! 😂😂