¡Hola!
Me paso por aquí porque ya no puedo más. Está claro que tenemos un problema con nuestro braco alemán, que acaba de cumplir un añito.
Cuando llegó a casa le enseñamos las órdenes básicas y muy pronto empezó a responder; era un "alumno" de diez.
Lo que pasa es que, hacia los 4 meses, al señorito le dio por dejar de escucharnos. Se pasó las órdenes por el forro y eso que nosotros no hemos tirado la toalla. Es superamigable, muy juguetón con otros perros y le encantan los humanos.
Sale tres veces al día, 30 minutos como mínimo, ¡y cuando va suelto corre por todos lados! Además, solemos jugar mucho a la pelota con él. Los paseos "especiales" los hacemos al menos una vez por semana y duran entre hora y media y dos horas.
Un día empezó a irse lejísimos e incluso a "fugarse", porque lo perdíamos de vista por completo durante 20 minutos hasta que volvía a nosotros. Ya no lo soltamos en sitios que no conoce, y en los paseos de siempre no se escapa... Pero no duda en largarse en cuanto ve a otro perro, sea conocido o no. ¡Y claro, eso nos trae líos con los otros dueños!
Con el confinamiento, nuestro perro joven ha perdido totalmente la costumbre de quedarse sin nosotros. Así que hemos vuelto a las bases para que se acostumbre de nuevo a nuestra ausencia, pero le cuesta muchísimo más que antes.
Antes del confinamiento se quedaba en el jardín sin problemas, ¡pero al señorito le dio por ladrar una hora entera una tarde y desde entonces tenemos líos con los vecinos! ¡Por una hora de ladridos se nos plantó la patrulla verde en casa!
Y ahora el problema es que lloriquea durante el día estando nosotros delante, ¡hasta aúlla! Aclaro que no tiene ningún dolor físico, porque en los paseos sigue corriendo como un loco detrás de su pelota.
Hace poco pusimos una cámara. No solemos faltar mucho porque trabajo en casa. Nos vamos y da igual si está tumbado o de pie, ¡se pone a llorar, a gemir o a aullar en cuanto salimos y durante todo el tiempo que no estamos! Nuestro peludo no está solo, porque tiene un "hermanito" tres meses más pequeño que él que pesa el doble. Pero cuando no estamos va a su bola y no busca contacto con su hermano, a pesar de que se llevan muy bien para jugar y prefieren jugar entre ellos que con otros perros. Aunque les encanta conocer amigos y perros nuevos.
A ver, el mayor problema es: ¿qué podemos hacer para que deje de lloriquear y llorar? ¡Tanto cuando estamos como, sobre todo, cuando nos vamos!
Vivimos en un piso con jardín. Su "hermanito" es tranquilo cuando no estamos y juega con los juguetes que les fabrico, pero a veces se viene arriba y también ladra. Al otro conseguimos calmarlo por la cámara, pero por desgracia a nuestro braco alemán no hay manera. No rompe nada ni se hace sus necesidades dentro.