Buenas,
¡Os escribo porque me siento un poco... con mala conciencia!
Mi pequeño conti (bulldog continental) va a cumplir pronto los 3 meses (el día 18). La criadora donde lo cogí a finales de diciembre cuidaba a los cachorros como si fueran de porcelana y me recalcó mucho lo importante que es no pasar de los 20 min de paseo para evitar problemas de artritis o artrosis en el futuro...
Pero el caso es que mi peque (una selección muy cuidada, con pedigrí, test de displasia en toda la línea... ¡vamos, un bombón de perro! ^^) rebosa energía (cuando no está durmiendo... ¡que no suele ser muy a menudo! ) y solo consigo que se desfogue bien con los paseos, donde se porta genial (si solo jugamos en casa se vuelve loco, e incluso con paseos cortos, los juegos en casa se vuelven brutos, se frustra y se cabrea).
En la ciudad, entre ir al coche o al parque, con la ida y la vuelta ya llegamos a los 20 min sin haber hecho nada más que ir de un sitio a otro.
Así que un día normal es más o menos así:
7:00 h: salida para hacer pis en la calle, pero casi nada de caminata, solo el pis.
10:00 h: vuelta a la manzana de unos 10-15 min para pis, caca y olisquear.
13:00 h: paseo largo de una hora, o incluso hoy, que se me ha ido un poco el santo al cielo, hora y media... ¡de ahí mi rayada! Vamos a un ritmo muy tranquilo, no le obligo a nada, pero no deja de ser una caminata (terreno llano, acera, tierra y césped).
16:00 h: vuelta a la manzana (como a las 10, pero cambiando de ruta).
19:00 h: lo mismo.
22:00 h y 00:00 h (si está despierto): salida rápida como a las 7, ¡solo para sus cosas!
Además, en el paseo largo del mediodía lo suelto para que se divierta y cada vez salta más, sube 3 o 4 escalones antes de que lo pare y le ha dado por... ¡subir y bajar de los bancos! (no son muy altos, ¡pero aun así!).
En fin, que los continentales se crearon para compensar la mala forma física de los ingleses y ha sido un acierto, pero aunque no parezca cansado después del paseo largo (no se tira en plan plof en su pedazo de cojín, sino que sigue un rato siguiéndome, mirándome o jugando tranquilo con sus peluches), no puedo evitar preocuparme y pensar si no le estaré destrozando las articulaciones (repito que a él este ritmo le va bien; de por sí es muy vago, así que cuando se cansa o no quiere más, lo deja claro y yo no insisto).

