La tranquilidad en la Asociación de ayuda a los animales Azyl - Refugio Azorki se vio rota por una llamada desesperada que alertaba de un perro que llevaba mucho tiempo sufriendo en silencio.
Sin embargo, nadie imaginaba que la realidad sería tan estremecedora.
Un collar incrustado en el cuerpo
Cuando los inspectores llegaron al lugar, encontraron un patio sucio y a un perro abandonado, atado con una cadena.
La escena ya era desoladora, pero lo que descubrieron después dejó impactados hasta a los voluntarios más veteranos: el perro llevaba una cadena incrustada en el cuerpo.
Todo indicaba que nunca se la quitaron ni la aflojaron. El animal creció con ella puesta y, cuando su cuello aumentó de tamaño, la cadena terminó clavándose en la carne.
Como cada movimiento le provocaba dolor, los inspectores actuaron de inmediato: sacaron al perro de aquel infierno y lo trasladaron a una clínica veterinaria.
Un diagnóstico veterinario devastador
La revisión confirmó sus peores temores. Alrededor del cuello presentaba una grave herida inflamada de unos 20 centímetros de largo y, en algunos puntos, de hasta 2 centímetros de profundidad. La veterinaria que lo atendió reconoció que nunca había visto una deformación semejante en los tejidos.
La herida estaba infectada, con signos de necrosis y una fuerte inflamación, lo que suponía riesgo de que la infección se extendiera e incluso derivara en sepsis.
Solo retirar la cadena llevó varias horas.
Una larga recuperación
Ahora, el animal tendrá que aprender a vivir en un entorno seguro, algo que nunca ha conocido.
"No se puede permanecer indiferente ante tanto sufrimiento", subraya la asociación. La lucha por hacer justicia para este perro no ha hecho más que empezar. La organización ya ha anunciado acciones legales y denunciará el caso de maltrato animal ante las autoridades competentes.
Lo más importante ahora, sin embargo, es que el perro encuentre un hogar adecuado y lleno de cariño.