Los minutos parecían horas para los transeúntes reunidos al pie del edificio de un barrio de la localidad de Beauvais, al norte de Francia.
Y es que, hace unos días, a varios metros del suelo, un pequeño perro visiblemente aterrorizado recorría la estrecha cornisa. ¿Cómo había llegado hasta allí? Nadie lo sabía, pero la urgencia era palpable.
Muy pronto, llegaron los bomberos, aportando un primer rayo de esperanza. Pero la intervención se anunciaba especialmente delicada: cada vez que la escalera del camión se acercaba, el animal, presa del pánico, retrocedía peligrosamente, amenazando con caer al vacío.
Un desenlace inesperado
Mientras todos los intentos de los equipos de rescate parecían en vano y la angustia aumentaba por momentos, la solución llegó de donde nadie la esperaba.
Con una calma olímpica y gestos de una dulzura infinita, empezó a hablarle al pequeño. Lentamente, extendió la mano, sin un solo movimiento brusco. El animal dudó un segundo y, como si comprendiera que le estaban tendiendo la mano, se dejó atrapar y llevar de vuelta al interior, a un lugar seguro.
Un silencio absoluto fue seguido de una explosión de alegría y aplausos en la calle.
Un susto
Este rescate, tal y como señala el medio local L'observateur de Beauvais, quedará grabado en la memoria de los vecinos del barrio.
"Pensamos que ocurriría lo peor, pero nadie esperaba un final tan feiiz", confesó un testigo con una sonrisa en los labios.