Mientras acompañaba a su perro a una consulta veterinaria, un hombre decidió hacer una comprobación muy poco habitual.
Convencido de que debía experimentar en primera persona lo que sentían los animales, tomó una decisión sorprendente: implantarse él mismo un microchip electrónico.
Identificar a los cachorros
Años atrás, había trabajado implantando microchips de identificación a cachorros. Su labor consistía en colocarlos entre los omóplatos de los perros.
Diez años después, aprovechó una visita al veterinario para averiguar si aquel microchip seguía en su sitio. El resultado, compartido en redes sociales, dejó atónitos a más de 3,2 millones de usuarios.
En el vídeo, puede verse cómo el veterinario escanea la parte superior de la espalda del hombre mientras este sostiene a su perro en brazos.
Un microchip funcional
La comprobación apenas llevó unos segundos. El lector detectó rápidamente la señal y el veterinario confirmó que el microchip seguía operativo al mostrar en la pantalla el número de identificación asociado.
Más allá de lo anecdótico, el vídeo ha servido para recordar la importancia de identificar correctamente a los animales. La prueba es que, incluso una década después de su implantación, el microchip permanecía intacto y plenamente funcional.
Traducido del sitio web de Wamiz FR utilizando inteligencia artificial