Hay despedidas que dejan un vacío difícil de explicar. La de ese perro que asomaba su hocico nada más abrir la puerta de casa, que te dio los momentos más tiernos y divertidos, que estuvo a tu lado en los días más difíciles y que, sin decir una sola palabra, fue tu familia desde el primer día.
Cuando muere tu perro, el dolor puede ser inmenso. Y, sin embargo, no siempre encontrarás la comprensión que necesitas para atravesarlo.
El duelo por un perro es tan intenso como el de cualquier persona cercana
Javier López-Cepero, doctor en Psicología, abordó sobre este tema en el programa Hoy por Hoy de la Cadena SER, donde explicó por qué la muerte de un animal de compañía puede vivirse con una intensidad comparable a la pérdida de una persona muy cercana.
Javier López-CeperoDoctor en Psicología Cuando nosotros investigamos y hablamos con personas que conviven con estos animales, la posición en la que más suelen colocarlos, es igualarlos más bien con hijos o hijas"
No se trata únicamente del cariño que sientes por ese perro o gato, sino también del vínculo que construido al cuidar de ellos y asumir la responsabilidad de su bienestar.
Ese papel dentro de la familia ayuda a entender por qué su ausencia puede doler tanto. No pierdes solamente a un animal: pierdes una presencia cotidiana, una compañía y una parte de tu vida compartida junto a él.
El duelo animal no siempre encuentra comprensión
Pero López-Cepero también señaló una dificultad añadida: socialmente, no todas las pérdidas reciben el mismo reconocimiento.
"Nadie pone en duda ciertas pérdidas. Pero sí ciertas otras". Según el psicólogo, todavía no existe suficiente tradición social sobre cómo acompañar a alguien que acaba de perder a su perro o gato.
Ahora que se acerca el 1 de noviembre, una fecha en la que muchas personas recuerdan a quienes ya no están, también merece la pena dejar espacio para esas despedidas casi invisibles a los ojos de los demás.
Porque hay perros que se marchan al otro lado del arcoíris, pero no desaparecen de tu historia. Siguen presentes en los paseos que echas de menos, en los rincones de casa que parecen demasiado vacíos y en todos esos recuerdos que, con el tiempo, aprendes a abrazar sin que duelan de la misma manera.
Y no, no hace falta que todo el mundo entienda cuánto quieres a tu perro para que ese amor sea real.