“¡Es Beethoven, el perro de la película!”. Quienes tengan más de 30 años probablemente habrán pensado alguna vez eso al cruzarse con un perro San Bernardo por la calle.
Y exactamente eso ocurría en Guardo, un pequeño pueblo de Palencia, cuando sus vecinos se encontraban con Waldo, un impresionante San Bernardo que terminó convirtiéndose en uno de los habitantes más queridos de la localidad.
Este artículo recupera una entrevista realizada por Wamiz en 2020, cuando Waldo todavía llenaba de vida las calles de Guardo. Cuatro años después de su fallecimiento, recordamos la historia de este grandullón que conquistó a todo un pueblo.
El San Bernardo que todos conocían en Guardo
Waldo llegó a la vida de Kira en febrero de 2017. Entonces era apenas un cachorro de poco más de un mes, aunque ya apuntaba maneras.
En aquella entrevista de 2020, Kira recordaba cómo comenzó todo: “Siempre me paraban para sacarle fotos, y un día decidí crearle Facebook e Instagram ¡para que la gente del pueblo le viese!”.
Gracias a las redes sociales, ella y Waldo también consiguieron algo inesperado: poder caminar unos metros sin detenerse cada dos pasos para posar ante una cámara.
Kira explicaba entonces que la fama digital de Waldo había cambiado incluso sus paseos: “Ahora como le ven en redes le saludan, ya no sacan tanta foto. Waldo le echa a eso mucha paciencia”.

Quizá porque siempre fue más amigo de las personas que de los perros.
La humana de Waldo se derritió por él desde el primer instante. “Yo llegaba de trabajar y me encontré en la cocina con un peluche precioso”.
Aquel cachorro de San Bernardo estaba algo triste. Y ella, incapaz de contener la emoción, salió corriendo a comprarle una cama, cuencos, juguetes y todo lo necesario para recibirlo. “Cuando regresé ya movía su colita” ❤.
Las travesuras de un cachorro a gran escala
Aunque era un cachorro, Waldo tardó muy poco en adaptarse a su nuevo hogar. “En cosa de 15 días ya no se hacía pipí dentro de casa”.
Sin embargo, tampoco tardó demasiado en mostrar su faceta más traviesa. “¡Se comió la mesa del salón!”.
La mesa en cuestión era la típica mesa baja situada junto al sofá. Pero Waldo crecía a toda velocidad y, al parecer, decidió solucionar el problema a su manera. “Una mañana me levanté y había solo media mesa”. Mordisqueó todo el mueble.

Adoración por bañarse en el río
Guardo se encuentra en plena Montaña Palentina, un entorno perfecto para un perro como Waldo. “Le encanta salir de paseo y meterse en el río. ¡Da igual que llueva, nieve o haga sol! Y con la nieve disfruta muchísimo”.
Todas las caminatas eran bienvenidas, aunque había algo que respetaba por encima de todo: la siesta. “Puede dormir unas 16 horas bien a gusto. ¡Exagerado!”.

Waldo no era especialmente sociable con otros perros. “Huele y adiós”. Pero había una excepción: Manchas, un bulldog francés al que conocía desde cachorro.
Con los gatos también tenía una relación sorprendente. “Deja entrar en casa a los gatitos callejeros. Yo les pongo agua y comida y él les observa. Les deja que coman tranquilos”.
Un perro que cambió la vida de su familia
Sin duda, la llegada de Waldo transformó por completo la vida de quienes le rodeaban. “Es súper gracioso, nos hace reír muchísimo, y él lo sabe. Cuanto más nos reímos más tonterías nos hace”.
Y si había algo que le gustaba casi tanto como llamar la atención de los adultos, era pasar tiempo con los niños, una de sus grandes debilidades.
Un recuerdo que sigue vivo
Cuatro años después de aquella entrevista, las fotografías de Waldo siguen circulando por las redes sociales y continúan arrancando sonrisas entre quienes tuvieron la suerte de conocerle.
Aquel gigantesco peluche de 95 kilos que conquistó las calles de Guardo falleció en 2022, dejando un enorme vacío en su familia y en muchos vecinos que le vieron crecer.
Sin embargo, su recuerdo permanece tan vivo como entonces. Porque hubo perros que pasaron por un pueblo y hubo perros que se convirtieron en parte de él. Y Waldo, sin ninguna duda, fue uno de estos últimos.