Durante años, el conductor recorrió la misma ruta, un trayecto diario que le permitió conocer no solo a los vecinos del barrio, sino también a sus animales.
Así fue como conoció a dos perros especialmente cariñosos. En cada visita, salían corriendo a su encuentro en busca de una caricia y, muchas veces, de alguna golosina que él guardaba con mimo en su furgoneta.
Pero, hace poco, el repartidor supo que cambiaría de ruta, y la idea de no volver a ver a sus amigos de cuatro patas le resultó muy dura.
Una carta y golosinas
Antes de marcharse, el hombre quiso despedirse de los animales como se merecían. En su última ruta, se detuvo frente a sus casas para dejar una carta dirigida a sus familias, acompañado de un pequeño detalle.
Conmovidos por el gesto, los familiares compartieron la historia en redes sociales, donde describen al repartidor como un hombre que no se limitaba a entregar paquetes, sino que se tomaba el tiempo de crear un vínculo humano (y canino) en una sociedad cada vez más individualista.