La historia de Phoenix bien podría parecer sacada de una serie de televisión. Cuando llegó a una protectora municipal, una grave fractura en la mandíbula parecía sellar su destino.
El centro, sin recursos suficientes para afrontar la cirugía, no podía hacerse cargo del tratamiento. Ante esta situación, no tuvo más remedio que incluirlo en la lista de espera para la eutanasia.
"Estaba acurrucado al fondo de su jaula, sin poder comer, pero seguía buscando el contacto humano", recuerda uno de los voluntarios que estaba allí aquel día. "Era muy duro saber que apenas le quedaba tiempo."
Un milagro de última hora
Cuando apenas faltaban unos minutos para la eutanasia, una asociación local de protección animal decidió actuar tras recibir un mensaje urgente en redes sociales. En cuestión de horas, un voluntario acudió al centro para sacarlo de allí.
Gracias a la ayuda de personas anónimas, Phoenix pudo ser trasladado a una clínica veterinaria especializada, donde fue operado.
A los pocos días de la intervención, ya fue capaz de volver a comer por sí mismo, lo que dejó claro que tenía todavía muchas ganas de vivir.
Hoy, su mandíbula está prácticamente recuperada. Un pequeño milagro de cuatro patas que recuerda que, en ocasiones, la vida puede pender de un hilo.