La pequeña familia peluda necesitaba ponerse a salvo cuanto antes y entrar en calor.
Afortunadamente, Heidi decidió hacerse cargo de la gata, de nombre Cinnamon, y de sus dos crías.
Una gata muy parlanchina
Cinnamon llegó al refugio maullando sin parar, como si quisiera agradecer la ayuda recibida.
Gracias al compromiso de su familia de acogida, Cinnamon terminó relajándose rápidamente, recuperó su vitalidad y sus ganas de jugar, casi como si también fuera un gatito.
Junto a sus crías, empezó a disfrutar de los juguetes con plumas y a saltar sobre los rascadores.
Un auténtico equipo
Heidi se dio cuenta enseguida de que funcionaban como un verdadero trío: cada uno imitaba los gestos y comportamientos de los demás. Además, los pequeños no se separaban de su madre y la seguían a todas partes.
Sin embargo, su deseo acabó cumpliéndose. Una familia visitó el refugio y se enamoró de los tres felinos. Al saber que eran inseparables, los adoptaron a todos.
Poco antes de Navidad, Cinnamon, Sage y Clove se unieron a su nueva familia.