Quien encontró a Zombie se quedó completamente destrozado al ver al pequeño gato abandonado en una calle de Turquía, visiblemente dolorido y sin fuerzas.
Todo indicaba que el diminuto felino se había cruzado con una persona cruel, con intenciones claras de hacerle daño.
Un gato en condiciones lamentables
El estado de Zombie era crítico: estaba gravemente herido y tenía la mandíbula inferior rota. Ahsen, la joven que lo encontró, supo de inmediato que debía actuar con la máxima rapidez si quería que el animal sobreviviera.
Durante las primeras horas, incluso se plantearon la eutanasia, ya que tenían serias dudas de que lograra superar la noche, pese a los esfuerzos médicos.
Sin embargo, contra todo pronóstico, el tratamiento inicial funcionó y a la mañana siguiente el gatito se encontraba algo mejor. El principal problema seguía siendo la mandíbula rota, que le impedía alimentarse por sí mismo.
Un nuevo comienzo
Al principio, Zombie fue alimentado con una sonda. Una vez estabilizado, los veterinarios se enfrentaron a una compleja y arriesgada operación de reconstrucción. Las posibilidades de que el pequeño superara la intervención eran muy reducidas.
Pero, de nuevo, Zombie los sorprendió a todos. Nada más salir del quirófano, su estado empezó a mejorar de forma evidente. Poco a poco, el valiente felino de sonrisa tan especial luchó por salir adelante, y lo consiguió.
Durante su recuperación, se quedó viviendo con Ahsen, que se encariñó con él desde el primer momento. Día tras día, Zombie le demostró que no se rendía.
Con su sonrisa permanente y tras haber recuperado su alegría de vivir, este felino tan especial se integró sin dificultad y conquistó a todos los miembros del hogar.