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¿A qué enfermedades está expuesto un gato recién nacido?

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© Pixabay

Son muchas las situaciones que nos pueden llevar a hacernos cargo de un gato recién nacido. Es posible que la madre rechace a sus crías, que sea primeriza y no sepa atenderlos o, simplemente, que muera después del parto. Sin comerlo ni beberlo, nos encontraremos con un pequeño ser felino al que debemos cuidar y alimentar. Estamos ante un reto precioso.

Por Ismael G. Cabral

Precisamos de mucha responsabilidad y una tarea de dedicación concienzuda durante aproximadamente un mes de esfuerzo. Hay que estar atento a numerosos indicadores para saber si nuestro nuevo cachorro tiene hambre, frío, calor... hay que mantener limpia su caja de arena o el lugar en el que duerme y hay que empezar a socializar con el gatito para que vaya acostumbrándose al mundo que le rodea. Estamos ante animales que pasan gran parte del día durmiendo plácidamente, pero que están expuestos a numerosas enfermedades. De hecho, en sus primeros días de vida afrontan una de las etapas más complicadas de la misma por los riesgos que corren. Nosotros, además de estar atentos a su alimentación, higiene, temperatura y socialización, debemos prestar atención para evitar las enfermedades que pudiesen contraer. En Wamiz, hemos tenido la ocasión de hablar con tres expertos en la materia, que nos han dado convenientes pistas sobre este tema.

El veterinario José Carlos Jaenes, de la Clínica Veterinaria Vet&Vet, nos confirma los peligros que corren los recién nacidos felinos. "¿A qué está expuesto un gato recién nacido? La respuesta corta sería a prácticamente todo. Un ser recién nacido depende de su madre para que le proporcione abrigo, alimento y le transfiera inmunidad a través de la lactancia. Si por circunstancias la madre no está, podemos extender mucho más la respuesta y hablar de puntos interesantes", nos explica.

Tras nacer, la primera leche que toman y que les proporciona la madre es la más importante. Esta leche contiene calostro (un líquido seroso y amarillo secretado durante el embarazo y los primeros días después del parto compuesto por inmunoglobulinas, agua, proteínas, grasas, carbohidratos...) En él se encuentran los anticuerpos que protegerán al recién llegado de las enfermedades. Si por desgracia la progenitora no puede atenderle con esa primera inyección de anticuerpos, es necesario extremar las medidas higiénicas para evitar cualquier tipo de infección. La buena noticia es que hoy día ya podemos encontrar en cualquier tienda de animales especializada esta leche especial con calostro. En este sentido, las opciones de supervivencia son siempre menores para los gatos callejeros. "Por ejemplo, un gato que nace en una colonia callejera va a estar expuesto, como es lógico, a una serie de enfermedades infecciosas propias de la colonia. Si no adquiere una inmunidad efectiva, lo normal es que acabe falleciendo o presentando graves problemas de esta enfermedad", nos apunta el veterinario José Javier González, también de la Clínica Vet&Vet.

Una vez superados los primeros 15 días de mayor riesgo, podrá ser vacunado y desparasitado. Las primeras dos semanas de vida presentan una mayor inseguridad. La mayoría de las muertes se producen por una falta de preparación en este sentido, especialmente por no proporcionar el calor adecuado en la caja donde pasan gran parte del tiempo, por no vacunar a la madre o por no alimentarlos adecuadamente. Jaenes Amarillo nos apunta las patologías más habituales que suelen sufrir estos pequeños gatitos. "Las enfermedades más comunes son de tipo infeccioso. La rinotraqueítis infecciosa felina, el calicivirus felino, la panleucopenia felina, la peritonitis infecciosa felina, la leucemia y la inmunodeficiencia felina (sida felino). No todas son mortales, pero pueden llegar a serlo al favorecer infecciones secundarias oportunistas o, en el caso de gatos jóvenes, al carecer de una buena inmunidad, pueden por ellas mismas provocar la muerte del felino". Vamos a analizarlas individualmente:

Rinotraqueítis

Es una enfermedad respiratoria corriente en los gatos y muy contagiosa que a veces ocasiona la muerte. En muchos casos deja secuelas permanentes. La mayor parte de los casos están provocados por dos tipos de virus. La enfermedad se manifiesta en síntomas respiratorios acompañados de lagrimeo y abundante mucosidad nasal. Suele darse con más asiduidad en gatos cachorros. La mayoría se restablecen -siempre que reciban el tratamiento adecuado-, aunque muchos, sin embargo, pueden sufrir secuelas permanentes. Los síntomas se presentan en forma de catarros con fiebre, estornudos, mocos, tos, pérdida de apetito... El virus se transmite por las secreciones de animales enfermos y a través de comederos, bebederos y ropa. La mejor prevención para esta afección es la vacunación.

Calicivirus

Es la enfermedad respiratoria más común. Es una patología vírica que afecta principalmente a los ojos, la nariz y la boca del minino, donde el virus se multiplica. Suele afectar a cachorros, aunque los adultos también la sufren, sobre todo cuando viven en compañía de otros gatos. El contagio se produce cuando un felino entra en contacto con las secreciones de uno enfermo o si come del mismo plato. El virus que puede vivir en el ambiente durante largos periodo de tiempo, por lo que los animales no vacunados están seriamente amenazados. Los síntomas más comunes son úlceras en la garganta y en la lengua, estornudos, secreciones de la nariz, fiebre, pulmonía y secreciones oculares. Hay que acudir al veterinario para que lo trate con medicamentos anti-virales. Los cuidados paliativos caseros se ciñen a la higiene ocular con gasas humedecidas en manzanilla.  El calcivirus felino es la enfermedad respiratoria más común en los pequeños cachorros | Pixabay

Panleucopenia felina

Es una enfermedad vírica muy común entre los gatos jóvenes, de hecho llega a ser mortal en cachorros. El virus, muy contagioso y resistente, se multiplica por el tubo digestivo y la médula ósea. La infección se origina por contacto directo con las heces de un gato infectado o por contagio indirecto en un entorno u objeto contaminados, como el cuenco de comida o la propia cama del animal. Los síntomas son palpables. Vómitos, diarrea, fiebre, hipotermia, deshidratación, poco apetito e incluso rechazo de la comida. El gato parece estar deprimido. También puede que tenga fiebre. El veterinario realizará un análisis fecal para detectar la presencia del virus. A esta enfermedad también se le conoce como moquillo felino, enteritis o gastroenteritis infecciosa. La vacunación y su pertinente renovación es la mejor forma de prevenirla. El tratamiento se sustenta en la hidratación intravenosa y los antibióticos. También se pueden administrar fármacos para detener los vómitos. Los animales infectados deben aislarse de otros animales y hay que tener especial cuidado con la limpieza cuando entramos en contacto con un minino enfermo. El virus que la ocasiona puede resistir en el medio ambiente hasta un año.

Peritonitis infecciosa felina

Es una enfermedad infecciosa causada por un virus llamado 'coronavirus' que se manifiesta en fiebre, anorexia, aumento del volumen del abdomen y acumulación de líquido. En las personas, la peritonitis es una inflamación del peritoneo, la membrana que cubre las vísceras abdominales; en gatos, es una inflamación de los vasos sanguíneos. Normalmente acaba siendo mortal, sobre todo en gatos jóvenes. Si sospechas que tu 'amigo' sufre una peritonitis, hay que acudir rápidamente al veterinario para que confirme o descarte este extremo. La mala noticia es que esta patología no puede curarse. Su tratamiento es meramente paliativo y se centra en prevenir otras infecciones.

La infección por 'coronavirus' es muy frecuente en los gatos, aunque la mayoría de las veces no provoca más problemas que una diarrea leve. El problema es cuando el virus muta en el interior de un gato infectado, lo cual ocurre con menos frecuencia, y es esa forma mutada la que produce la enfermedad llamada PIF. Se estima que entre el 25 y el 40% de los gatos domésticos caseros están infectados. El porcentaje asciende hasta el 80-100% que viven en grupos numerosos en casas, albergues o criaderos. La transmisión del virus sigue la ruta oro-fecal, es decir, el 'coronavirus' se elimina por las heces y los gatos se infectan al ingerirlo cuando se acicalan o cuando comen. La mayor parte de gatos infectados excretan el virus en las heces durante un periodo de tiempo variable y luego dejan de hacerlo. "La leucemia, por ejemplo, tiene vacuna, la peritonitis infecciosa también", nos recuerda Felipe Vázquez, de la Centro Veterinario CatDog. El mismo gato infectado puede reinfectarse a partir de las heces de otro gato y comenzar a excretar otra vez virus.

Leucemia felina

El virus de la leucemia felina se transmite por contacto directo, también a través de la saliva, y puede darse por mordeduras o por el lamido reiterado entre gatos. "La leucemia es 'prima-hermana' del virus de la inmunodeficiencia felina. A diferencia de los humanos, la leucemia nace de un virus y desencadena en un cáncer que normalmente es mortal", explica Vázquez. La infección se produce en situaciones que comportan cierta agresividad (mordiscos o luchas) o en intercambios de fluidos corporales relacionados con contactos sexuales.

Otras secreciones -respiratorias, heces u orina-, también pueden ser infecciosas, aunque en menor medida. Los signos y síntomas de la infección del virus de la leucemia felina son bastante variados e incluyen pérdida de apetito, deficiencias en el pelaje, infecciones de la piel, la vejiga y el tracto respiratorio, enfermedades bucodentales, convulsiones, pérdida de peso... El gato comenzará a sentirse muy desanimado, necesitará dormir más y se mostrará débil. Tras este primer proceso, desarrollará tumores. El virus produce una gran cantidad de trastornos inmunológicos y cancerosos, que desencadenan la muerte del gato en un tiempo máximo de entre dos y tres años. No se conoce ninguna cura para la infección de este virus.

Virus de inmunodeficiencia felina

El FIV, el equivalente al VIH en los gatos, es una inmunodeficiencia que daña el sistema inmunológico del gato, lo que le incapacita para combatir otras patologías. Aunque los seres humanos no contraen esta enfermedad, sí existe riesgo para los otros gatos del hogar si comienzan a compartir espacio con un felino infectado. Este virus “se transmite a través de la saliva y es como un SIDA felino que afecta a su sistema inmune”, nos explica Felipe Vázquez. El virus llega a consecuencia de una mordedura entre gatos. Se trata de una enfermedad de evolución lenta, pero es irremediablemente mortal porque no tiene cura, tratamiento ni vacuna, solo remedios paliativos.

Complejo respiratorio felino

Otra enfermedad vírica. En este caso, el virus ataca a las vías respiratorias altas -garganta, boca, lengua, nariz y ojos-, y provoca irritación y malestar general. Se podría asemejar a la gripe humana. Los síntomas se manifiestan en úlceras en la lengua, inflamaciones bucales, rinitis, conjuntivitis, afonías.. El gato enfermo fabrica más saliva, lagrimea, estornuda y moquea, infectando a otros posibles compañeros de casa. Es muy frecuente, mayormente en cachorros que todavía no tienen el sistema inmunológico desarrollado. Si no se trata, puede resultar fatal. Para que se recupere lo antes posible, el veterinario tratará la enfermedad con antibióticos y, si fuese necesario, hidratando al gato con suero.

Síndrome del desvanecimiento

El síndrome del desvanecimiento engloba un gran número de problemas y condiciones que pueden causar la muerte en gatos cachorros. La causa es muy difícil de detectar hasta que se desarrolla la crisis y su pronóstico es desalentador. Estos gatos sufren un profundo letargo y presentan una temperatura corporal baja, las encías pálidas, la respiración tenue y numerosos problemas de alimentación. La anemia hemolítica es una posible causa de este síndrome. Esto ocurre cuando el joven cachorro tiene un tipo de sangre distinto al de su madre. Si el gato mama durante los primeros días de su vida, ingiere anticuerpos que atacan sus células.  Un fallecimiento por síndrome de desvanecimiento puede ser presagio de problemas para los hermanos de su camada. El veterinario debe evaluar a la madre y a los restantes miembros ante esta situación.

Problemas oculares

Un problema bastante frecuente en gatos recién nacidos es la infección de sus ojos, una afección que suele derivar en conjuntivitis. Sucede porque la madre, cuando limpia los genitales de su cachorro, inmediatamente después también limpia sus ojos. Desafortunadamente, esto suele ser la fuente de muchas infecciones. Los cachorros presentan los ojos pegados, con una especie de sustancia mucosa amarilla. Frecuentemente se puede ver que sale una supuración de los ojos, en forma de agua o de color amarillo. También puede verse como una capa blanca hinchada, que es la membrana nictitante infectada.

La conjuntivitis no deja de ser una inflamación de la membrana que recubre el ojo y el interior del párpado. Se puede dar por infecciones oculares, por alergias, por otras enfermedades -normalmente las que afectan al sistema respiratorio-, por la suciedad del medio ambiente, por traumatismos o por problemas genéticos.  Hay que evitar que el gato se frote los ojos porque esto le agravará la irritación. En estos casos hay que recurrir al veterinario, que recetará algún antibiótico para favorecer la curación. No es recomendable acudir a remedios caseros. Toda atención se basa en la higiene con un paño o una gasa, sin jabones ni componentes de ninguna clase. El gato puede llegar a perder la vista si no se actúa con disciplina.

Otros 'defectos'

Los defectos congénitos son otra causa a tener en cuenta en los datos de mortalidad de recién nacidos. El paladar hundido, las hernias de ombligo, los defectos cardíacos... En ocasiones, se producen muertes aparentemente sin explicación por causas menos comunes -atresia esofágica o anal, estenosis pilórica o malformaciones que afectan a los ojos o al esqueleto. Tal y como nos recuerda Jaenes Amarillo, la clave de cualquier tipo de enfermedad está en la madre del cachorro. Ella tiene la llave de todo lo bueno o malo que pueda suceder al joven gato en sus primeros días de vida. "En el caso de gatos caseros, dependerá primero del estatus inmunitario de la madre, que suele ser bueno, y de que se den unas buenas condiciones climáticas, de alimentación y cuidados que le permitan desarrollar adecuadamente sus propias defensas".  

Y unos últimos consejos

Si aprecias que el gato sufre algún vómito o diarrea puede deberse a un exceso de comida. Colócalo en un lugar limpio y caliente. Puedes poner una botella con agua tibia a un lado para asemejar el calor de la madre. También puedes poner un pequeño reloj dentro de su cama con el fin de simular los latidos del corazón de la madre y el pequeño no se sienta solo. A la hora de alimentarle, lo mejor es darle poca cantidad en muchas ocasiones antes que al contrario. Así digieren mejor la leche, previenen la deshidratación y controlan mejor los niveles de glucosa. Si no gana peso, llora demasiado, se mueve mucho o está letárgico, es probable que tenga algún problema.

Si lo alimentas con biberón debe tomarlo unas seis veces al día -cada 4 horas-. A las tres semanas se reduce a cuatro biberones y al mes ya podemos terminar con la leche.  La leche materna es indispensable e irreemplazable, al menos durante los primeros cinco días de vida. Debe ser alimentado inicialmente cada 3 horas durante las 24 horas del día. Los gatos con hipotermia deben calentarse lentamente durante dos o tres horas hasta la temperatura normal de recién nacido de 36-37ºC. Esta temperatura debe subir dos o tres grados cuando el cachorro alcance el mes. Si los gatos se juntan uno encima del otro es que tienen frío. Si sucede al contrario es que tienen mucho calor. Debes estimularle con un algodón húmedo la zona genital para que ellos orinen y defequen. Esto se debes hacer cada vez que los alimentes. Las mucosas que tienen debajo del labio deben ser rosadas cuando está sano. Si son de color pálido, gris o azulado significa que hay algún problema en su salud.