Debería haber sido una tarde tranquila en el jardín para este perro de trece años y medio mientras su cuidadora se recuperaba en rehabilitación. Pero un breve momento lo arruinó todo poco antes de Nochevieja.
El estruendo de un potente petardo en Iserlohn, una ciudad industrial del oeste de Alemania, desencadenó una cadena de sucesos que terminó con la muerte agonizante del querido perro de la familia.
La esperanza se desvanece rápidamente
El ruido fue tan intenso que incluso las personas que se encontraban dentro de la casa se sobresaltaron. Para el anciano animal fue demasiado. Presa del pánico, huyó, desesperado, para alejarse de aquel estruendo.
La policía llegó rápidamente y trasladó al perro al refugio. Pero en el coche patrulla comenzó el verdadero drama.
El cuerpo se rindió
El estrés fue demasiado para el viejo corazón del animal.
"Le salía espuma por la boca debido a la agitación, vomitaba y parecía asfixiarse", relataron más tarde los familiares, conmocionados. Los policías lo trasladaron de urgencia a un veterinario en Schwerte.
Cuando los familiares finalmente lograron contactar con la clínica, ya era demasiado tarde. Para evitarle un sufrimiento mayor, el veterinario terminó sacrificando al animal.
Una muerte provocada por los petardos
La familia no culpa ni a la policía ni a los veterinarios. Su dolor se dirige hacia los responsables: "Fue una concatenación de circunstancias desafortunadas, pero claramente provocada por los petardos".