Cada mañana, Richard acude al cementerio de Münsingen, en Alemania, para visitar la sepultura de su esposa.
Una mañana, inmerso en sus pensamientos frente a la tumba de su mujer, tuvo la sensación de no estar solo. Alguien caminaba tras él, con pasos suaves y constantes, siguiendo exactamente sus propias huellas en la nieve.
Una sombra en la nieve
De repente, el intruso apareció a su lado. Era Jerry, un gato que parece intuir cuándo alguien necesita consuelo.
Cerca de la tumba, el gato se suele sentar a su lado, tranquilo, y permanece allí, ronroneando suavemente, hasta que el viudo se marcha.
Los nuevos "guardianes" del bosque
Junto a su hermano Tom, el gato es toda una institución en este bosque funerario. Ambos pertenecen originalmente a la hija de Richard. Cuando esta se mudó, el viudo instaló a los gatos en el propio bosque.
Durante cuatro semanas, los animales permanecieron en una cabaña del bosque, bajo la supervisión y los cuidados diarios de varios voluntarios.
Apoyo emocional
A pesar de las reticencias iniciales, el experimento dio resultado. Ahora, se les considera aprendices de guardas forestales, y en la práctica, se han convertido en acompañantes silenciosos del duelo ajeno.
De hecho, Jerry parece poseer una sensibilidad particular. Se acerca a las familias durante las ceremonias y se acomoda en el regazo de quienes lloran. No interrumpe, no exige atención. Simplemente, está ahí.
Representan una certeza reconfortante: incluso en los lugares marcados por la tristeza, nadie está solo.