Lo que debía ser un control rutinario en la frontera entre Alemania y la República Checa acabó destapando un caso de tráfico ilegal de animales.
A primera vista, la furgoneta blanca no levantaba sospechas. En la cabina viajaban dos hombres, de 44 y 54 años. Sin embargo, mientras los agentes comprobaban su documentación, un sonido inquietante procedente del interior del vehículo llamó inmediatamente su atención.
Un caso de transporte ilegal de animales
Primero se oyeron unos ladridos y, después, unos arañazos. Ante la evidencia, los policías les ordenaron que abriesen la parte trasera del vehículo. Al hacerlo, un fuerte olor nauseabundo invadió el lugar. Dentro, varios pares de ojos asustados devolvían la mirada a los agentes.
Según la investigación, los animales iban a ser trasladados a los Países Bajos para su venta.
Documentos falsificados
Los ocupantes del vehículo intentaron mostrar supuestas cartillas de vacunación. Sin embargo, los agentes detectaron rápidamente que los documentos estaban falsificados. Además, no disponían de ningún certificado de importación.
La policía federal avisó de inmediato a los servicios veterinarios del distrito de Cham.
Trasladados a un refugio
Los perros fueron confiscados y trasladados a una protectora, donde comenzaron a recibir atención veterinaria y cuidados básicos. Los siete perros pudieron recuperarse.
Por su parte, el conductor búlgaro y su acompañante están siendo investigados por infringir la ley de protección animal, y ya se ha iniciado el proceso judicial correspondiente.