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Cómo meter a un gato en un transportín correctamente

Formas de meter a un gato en un transportin advice © Shutterstock

Una de las cosas que más cuesta hacer con un gato, por la naturaleza de su carácter, es cuando queremos imponerles algo que no les gusta. 

Siendo un animal tan avispado y veloz, en momentos críticos donde tenemos prisa (como una visita al veterinario) es vital que tengamos una forma de convencerlo y transportarlo sin que ellos (ni nosotros) perdamos la calma y salgamos heridos.

Entenderse bien con una mascota no tiene precio, y es que ninguno de los dos tiene porqué perder los nervios si las cosas se hacen bien desde el principio. Es por ello que hoy hablaremos de cómo hacer que al gato le guste uno de sus mayores enemigos: el transportín.

Por Bosch Maica

De hecho, transportarlos se trata de algo tan difícil para los dueños, que muchos de ellos no visitan al veterinario a menos que el gato esté tan mal que no pueda evitar ser metido en esas pequeñas celdas. Eso nos pasa tanto con gatos salvajes como domésticos. 

Así que, aquí tienes varias estrategias para que no te cueste meter a un gato en el transportín, y que luego de la primera vez no lo evite. Es decir, hablaremos de qué debes de hacer antes y después de meter a tu gato en un transportín.  

Antes de entrar en el transportín

Parece mentira, pero muchos dueños se piensan que la solución está en obligar al gato a entrar el transportín y fin del problema. Están equivocados. 

Esa nunca será la solución. Un gato no es como un niño. Si lo obligas a meterse en un espacio cerrado, él se lo tomará como un abuso, un ataque a su seguridad personal. 

Antes de todo, debemos retirar la forzosidad de la ecuación. Un gato debe ver el transportín como algo positivo o al menos neutral. No como una celda móvil donde le obligan a meterse. 

Para ello, obviamente no podemos sentarnos con el gato a explicárselo. Pero podemos demostrarle, mediante muchísimas estrategias, que el transportín no es malo. Aquí abajo tienes unos cuantos ejemplos. 

1. Evitemos la asociación transportín = veterinario

Puede parecer contraintuitivo, pero tiene mucha lógica desde el punto de vista felino. Todos los animales buscan patrones que les ayuden a predecir qué pasará en el futuro inmediato. Esto incluye descubrir las pistas que le dicen que va a ir al veterinario, una situación estresante para muchas mascotas. 

Si cada vez que metemos al gato en el transportín es para llevarlo al veterinario, no le costará entender que entrar ahí dentro es perder toda oportunidad de escapatoria a ser pinchado y toqueteado sin permiso por las groseras zarpas de un desconocido con bata. 

Lo ideal es que el transportín no sea un objeto que sólo aparece cuando es momento de visitar al loco de la bata, si no que sea un objeto que forme parte de su rutina. Pero eso no es todo. 

A la hora de presentarle el transportín por primera vez, debemos dejar al gato explorarlo libremente, con las puertas abiertas, sin interrumpirlo ni hacerle trastadas como encerrarlo. O sabrá que es una trampa. 

El transportín no debe de ser como otro mueble más donde se pueda subir o meter. El gato tiene que querer relacionarse con él. ¿Y cómo conseguimos eso?

2. Positivizando el transportín

Hay mil maneras de hacer que al gato le guste el transportín. Pero las más prácticas son: 

  • Uso de premios

Dejando siempre el transportín abierto, meter premios dentro, animándolo a entrar. Importante que aún el gato siempre pueda entrar y salir. De nuevo, jamás lo fuerces.

Más tarde, cuando el gato esté acostumbrado y lleve tiempo recibiendo premios de esta forma, puedes ir cerrando la puerta unos segundos para volver a premiar. Esto hará que el gato le pierda el miedo a meterse dentro. 

  • Convierte el transportín en algo suyo

Una buena opción para gatos miedosos, que no se los puede meter en el transportín, es mover su cama adentro, y convertirla así en su casita. 

También puedes darle de comer cerca e ir acercando el bol a medida que pasan los días, hasta que el gato coma dentro. 

Cabe añadir que, es muy recomendable convertir el transportín en “zona segura”. Si cuando logras meter al gato en la caja para llevarlo al veterinario,  y lo tapas con una manta (siempre que no haga calor), el gato se relajará un mucho más y como estará a oscuras no asociará tanto su estado a estar contenido ahí dentro. 

Conseguir que tenga iniciativa propia

Como puedes ver, meter a un gato en un transportín no es cuestión de obediencia, sino de convencer al gato para que entre por si propio pie. Siempre recuerda ser paciente y comprensivo. Los gatos son animales muy sensibles y eso es lo que necesitan. 

Escrito por: Maica Bosch, experta en mundo animal, especialmente canino y felino.

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