Piper es un cruce de cane corso que fue encontrada a principios del pasado año vagando por las calles de Englewood, Estados Unidos, debilitada y vomitando basura.
La hembra fue llevada al Bergen County Animal Shelter, donde pronto se descubrió la magnitud del sufrimiento que había soportado: grapas en el estómago, masas sospechosas y grandes callosidades en su cuerpo, signos de que probablemente había pasado años durmiendo sobre el hormigón y alimentándose de desperdicios.
Un encuentro que cambió su destino
A pesar de ese pasado tan duro, el equipo del refugio quedó profundamente conmovido ante su temperamento extraordinariamente dulce.
Sin embargo, durante meses nadie se interesó por ella… hasta que su historia llegó a oídos de Ingrid Santucci.
Un duro comienzo, pero con final feliz
Ingrid Santucci, responsable del servicio de urgencias de un hospital local, había perdido recientemente a su dogo alemán y no se sentía preparada para adoptar de nuevo.
Durante una visita al refugio, incluso había conocido a otro perro, pero no se vio preparada para dar el paso.
Sin embargo, cuando escuchó hablar de Piper, no pudo dejar de pensar en ella. Nada más conocerla, y se produjo un flechazo inmediato.
Con la llegada de Acción de Gracias, Piper dejó el refugio para unirse a su nueva familia de acogida, despidiéndose por última vez del equipo que la había cuidado durante meses.