Lo que ocurrió el pasado sábado por la noche en el lago Jungfernsee, en Potsdam (Alemania), representa una de las peores pesadillas para cualquier cuidador.
Bastó un instante de descuido y una correa ligeramente floja para que todo se convirtiese en una carrera contrarreloj para salvar la vida del perro.
Una trampa mortal
Aquel día, el lago Jungfernsee estaba cubierto por una fina capa de hielo que transmitía una engañosa sensación de seguridad.
Desde la orilla, su propietario solo pudo ser testigo de lo inevitable. El animal alcanzó el canal de navegación, una zona donde el hielo es mucho más fino.
En cuestión de segundos, la capa cedió bajo su peso y el perro cayó al agua helada.
Sin pensárselo ni un segundo, el hombre llamó a los bomberos de Potsdam, los voluntarios de Sacrow y el equipo de rescate acuático, quienes iniciaron rápidamente la operación de rescate.
Sin embargo, pronto quedó claro que intentar salvar al perro suponía un riesgo inasumible.
Una cuestión de vida o muerte
El momento más duro llegó cuando hubo que tomar una decisión. Los equipos de emergencia se enfrentaron a un dilema devastador: por un lado, el animal estaba luchando por sobrevivir en el agua helada; por otro, la seguridad de sus propios efectivos.
El animal, lamentablemente, no pudo ser rescatado y perdió la vida en el hielo.
Un fin de semana, dos destinos
Horas después, otro incidente confirmó lo traicioneras que pueden ser las superficies heladas cuando otro perro cayó al agua tras romperse el hielo. Esta vez, sin embargo, el desenlace fue distinto: el animal pudo ser rescatado con vida.
Caminar sobre él o soltar al perro durante los paseos invernales puede convertir una salida tranquila en una tragedia en cuestión de segundos.