Todo empezó cuando los perros de una mujer comenzaron a ladrar sin parar en dirección al agua. Extrañada por su comportamiento, la mujer se acercó hasta la orilla y descubrió una pequeña silueta inmóvil sobre un embarcadero.
Se trataba de una zarigüeya, completamente empapada y sin posibilidad de volver a tierra firme.
Comienza la misión de rescate
Según explicó Karenlynn Stracher, el animal probablemente cayó al agua de forma accidental. Tras intentar en vano salir por las paredes resbaladizas del muelle, logró, en un último esfuerzo, subirse a esa plataforma aislada.
"Estoy realmente agradecida de que los perros alertaran a su cuidadora", señala la rescatista. "Sin refugio y mojado, probablemente habría acabado muriendo de frío."
Una siesta desesperada bajo el sol
Cuando Karenlynn llegó, encontró a la zarigüeya tumbada, tratando de entrar en calor bajo un débil rayo de sol. Con la ayuda de una red de rescate, logró sacarla con cuidado y la envolvió en una manta caliente.
Al examinarla, comprobó que sufría agotamiento y una fuerte hipotermia. La trasladó a un lugar cálido, donde le ofreció comida y agua.
En cuestión de horas, el animal empezó a recuperarse, mostrando ese nerviosismo propio de los animales salvajes cuando ya están listos para volver a su entorno.
Regreso a la vida salvaje
Esa misma tarde, al caer el sol, la rescatista la llevó a un parque cercano. Nada más abrir la jaula de transporte, la zarigüeya salió disparada hacia su hábitat natural.
Gracias a la atención de la vecina, al instinto de sus perros y a la rápida intervención de Karenlynn, lo que podría haber terminado en tragedia acabó convirtiéndose en un exitoso rescate.