Cuando un perro o un gato sufre una urgencia veterinaria grave, la mayoría de personas no duda: hay que estar ahí. Pero hasta ahora, esa decisión podía salir muy cara en tu trabajo.
Una sentencia reciente en España acaba de cambiar el escenario y reconoce algo que muchas personas sienten como evidente: atender a tu animal no es un capricho, es una responsabilidad.
Una urgencia veterinaria no es una ausencia injustificada
Un juzgado de lo Social de Barcelona ha dado la razón a una trabajadora despedida tras ausentarse de su puesto para acudir de urgencia veterinaria.
Su perro se encontraba en estado terminal y los veterinarios le pidieron que acudiera de inmediato para practicarle la eutanasia y evitarle más sufrimiento.
La empresa consideró esa falta como injustificada y la incluyó dentro de una acumulación de ausencias que acabó en despido disciplinario. Sin embargo, el juez ha sido claro: no se trató de una ausencia "por capricho", sino de una situación sobrevenida y moralmente inevitable.
De hecho, subraya que habría sido "inmoral" obligar al animal a prolongar su agonía hasta que la trabajadora terminara su jornada laboral.
Además, la sentencia también pone el foco en las irregularidades del registro horario de la empresa, que restaron credibilidad a la versión empresarial y reforzaron la defensa de la empleada.
Aunque no crea todavía un permiso automático y generalizado, este fallo se considera pionero y marca un antes y un después: reconoce que una urgencia veterinaria grave puede justificar faltar al trabajo en España.
Un paso importante que acerca el mundo laboral a una realidad cada vez más compartida: los animales son familias y su bienestar importa.