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Mitos sobre gatos: desmontamos 4 teorías sin sentido

mitos y leyendas sobre gatos advice © Shutterstock

¿Cuántos mitos sobre gatos has escuchado a lo largo de tu vida? ¿Cuántas de esas leyendas felinas te has creído? Desmontamos varias teorías relacionadas con los mininos para que nunca más les vuelvas a tener miedo. 

Por Vanessa Parapar

¿Hasta que punto existen mitos sobre gatos que debemos tener en cuenta cuando adoptamos un felino? En Wamiz, además de mostrarte varias razones de peso para poner un gato en tu vida, estamos dispuestos a desmontar todos los falsos mitos y leyendas que acompañan históricamente a la figura del gato con hechos irrefutables que dejan por tierra cuatro potentes teorías sobre nuestros amados gatos. 

Mitos sobre los gatos: los perjuicios de siempre

El gato es un animal al que le han acompañado multitud de prejuicios a lo largo de su historia. Este felino tiene que convivir con ellos ya que están profundamente arraigados en la sociedad. Una de las teorías que se nos vienen a la mente -así de repente- es la de los gatos fantasmagóricos, un hecho que supone una amenaza para su vida

No obstante, que tu gato vea fantasmas o sea símbolo de mala suerte por ser negro no exime a los humanos de tener un felino como mascota. Estos mitos sobre los gatos han sido capaces de sobreponerse a las adversidades en forma de falsas leyendas ya que día de hoy; el gato es el animal más popular en los hogares de todo el mundo.

Leyendas y mitos sobre los gatos: las teorías sin sentido

1. El gato es un animal frío y distante

¿Quién no ha escuchado alguna vez esta afirmación? Y es que, cada vez que alguien viene a tu casa, tiene que soltar la típica frasecita. Quien haya tenido un gato sabrá que son animales con un carácter particular, que en algún momento puede parecer frío y reservado, pero que en muchas ocasiones es extrovertido y dependiente de sus dueños.

Un gato siempre va a considerarte de su familia y te lo demuestra de muy distintas maneras: maullando y restregándose contigo cuando llegas a casa, durmiendo y ronroneando a tu lado en el sofá, o jugando contigo siempre que tiene oportunidad.

Sin embargo, es un animal que en ocasiones necesita su propio espacio y sus momentos de soledad. No hay que tomarse esto como un agravio o como un signo de indiferencia hacia nosotros. Simplemente es una vertiente más de su carácter que tenemos que comprender y asimilar.

Si compartes tu vida con un gato, aquí puedes comprobar si tu minino te quiere o te odia. 

2. El gato es un animal traicionero

Esta afirmación carece de sentido en sí misma. ¿Cuántas personas de las que afirman esto han sido atacadas por gatos? Seguramente muy pocas o ninguna. El problema es que se generaliza en exceso y, no se sabe por qué, el ser humano tiende a aferrarse a algún encontronazo que ha tenido con algún gato dejando espacio en su memoria al acto de amor que le ha regalado un perro. Pero, ¿a quién no le ha ladrado o gruñido un perro por la calle? ¿Son traicioneros todos los perros por esto? Por supuesto que no. Por tanto, no se debe generalizar tampoco con los gatos puesto que ello ayuda a afianzar un mito que ya de por sí está lo suficientemente arraigado.

3. El gato tiene más apego por las cosas que por las personas

Otro falso mito que hoy estamos dispuestos a desmontar. Los felinos marcan constantemente su territorio con las feromonas alojadas en su saliva y en las glándulas de sus patas, con lo que consiguen sentirse como en casa en un corto periodo de tiempo.

Esto no quiere decir que no puedan sentir ese mismo apego por las personas. Basta con convivir con un gato doméstico para percibir el aprecio que siente por sus dueños. Es cierto que hay gatos que no te regalan nada, con los que hay que trabajar mucho más, pero ni siquiera ellos son impermeables al cariño que les ofrecemos los humanos.

4. El gato no puede convivir con un perro

Hay multitud de ejemplos que desmontan esta teoría. Introducir cualquier tipo de animal en un hogar que ya cuenta con otro animal siempre es complicado (no importa si hablamos de gatos, perros, conejos...) En este sentido, lo mejor es que uno de los dos sea aún un cachorro, ya que, al no haber desarrollado aún su personalidad, será más fácil que se amolde a la nueva situación.

Sin embargo, si esto no es posible, con mucha paciencia, sí que se puede introducir un perro en un hogar en el que había un gato previamente. Simplemente hay que ser muy cuidadosos e ir haciéndolo poco a poco para que ninguno de los dos salga lastimado. 

Como puedes comprobar con tus propios ojos, ¡desmontar las falsas teorías sobre los gatos y pensar en estos animales como los felinos más dóciles, cariñosos y buenos del mundo es más sencillo de lo que muchos piensan! (A las pruebas nos remitimos).

Escrito por: Vanessa Parapar, periodista especializada en el mundo animal. Redactora y Community Manager de Wamiz España.
 

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