En la localidad de Borgholzhausen, en Alemania, una de las fachadas escondía un drama que sorprendió incluso los defensores de animales más experimentados.
Cuando los equipos de rescate llegaron a la vivienda a finales de diciembre de 2025, se encontraron con un olor nauseabundo.
Aquella pestilencia fue la primera señal de alarma de un calvario que llevaba años prolongándose y que afectaba a más de 50 animales.
Una llamada inesperada con graves consecuencias
Todo comenzó con una llamada telefónica al refugio de animales de Gütersloh. Al otro lado del teléfono, un hombre de edad avanzada relató una situación desesperada: su mujer estaba gravemente enferma y él ya no podía hacerse cargo de los animales.
Sin embargo, lo que los voluntarios descubrieron al llegar al lugar superó con creces esa cifra.
Enfermos, delgados y cubiertos de parásitos
Nada más llegar a la puerta, los rescatistas intuyeron la magnitud del problema. Un olor descrito como "terrible, propio de gatos sin esterilizar" se impregnó tanto en la ropa como en la memoria de quienes entraron en la vivienda.
En el interior vivían alrededor de 50 gatos, además de tres perros de gran tamaño de raza terranova. Desde la penumbra, decenas de ojos observaban fijamente a los rescatistas.
Muchos de los animales estaban extremadamente delgados y físicamente debilitados.
Según las primeras informaciones, esta situación de abandono podría haber tenido también un origen comercial. La pareja habría "criado a estos animales durante varios años" antes de perder el control y la capacidad para cuidarlos.
Con el paso del tiempo, la cría incontrolada se transformó en acumulación compulsiva y los cuidados básicos dieron paso a un grave caso de tenencia negligente.