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La historia de Rufo, el perro más querido de Oviedo

estatua de perro rufo oviedo dog-happy

La estatua de Rufo se encuentra en la calle Doctor Casal

© Instagram @esehiker

Rufo era un cruce de mastín y pastor alemán que robó los corazones de los ovetenses en los años 80 cuando fue visto por primera vez en la capital de Asturias.

Por Vanessa Parapar

Publicado el

Corrían los años 80, concretamente 1988, cuando un cachorro apareció en el Campo de San Francisco. Allí, en el corazón de Oviedo el joven perro 'se dio a conocer' debido a una pelea con uno de sus congéneres. La disputa, lejos de quedar en el olvido, puso a Rufo en cuarentena y lo catapultó a la fama. Aunque él, en aquel momento, no tenía idea de lo que pasaría con él. 

En ese instante, las personas que lo asistieron y protegieron descubrieron que era un perro callejero que vagaba a sus anchas por la capital de Asturias. 

Adoptado por la cuidad de Oviedo

Poco o nada se sabe de la vida anterior de Rufo. El cruce de mastín y pastor alemán que enamoró a generaciones de ovetenses -pero también de visitantes- fue adoptado por la ciudad de Oviedo. 

A tenor del testimonio de las personas que lo cuidaban y lo conocían, el cachorro (más tarde convertido en perro adulto) no quería vivir en una casa particular a pesar de que pretendientes no le faltaron. Por ello, los vecinos decidieron cuidarlo como si fuera suyo: agua, comida, caricias diarias, tiempo de juegos... ¡Rufo lo tenía todo! 

Y en las frías noches de la capital, los ovetenses dejaban los portales abiertos para que el 'callejero' durmiese caliente y resguardado. 

Por su parte, el ayuntamiento de Oviedo se encargó de desparasitarlo, vacunarlo y bañarlo, entre otros cuidados regulares, para que Rufo creciese (y envejeciese) fuerte y sano. 

Un símbolo de la capital

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Rufo fue tan importante para la ciudad que tiene su propia estatua ©Alamy T6CE8N

Fueron muchos los años que Rufo vivió como quiso en las calles ovetenses. Y tal era el amor que los ciudadanos le profesaban que el perro se convirtió en todo un símbolo de la capital de Asturias. Rufo iba a las fiestas de San Mateo, celebraba victorias varias, asistía a manifestaciones... En definitiva, tomaba partido de la vida diaria de Oviedo.

Rufo estuvo en la entrada del teatro Campoamor en una entrega de los Premios Príncipe de Asturias. 

Un perro de la calle

Rufo pudo presumir de tener miles de solicitudes de adopción y en momentos puntuales de su vida; sus cuidadores intentaron que disfrutase del calor de un hogar. Sin embargo, a la primera de cambio; el perro se escapaba porque quería volver al Campo de San Francisco. 

Dicen los que le conocieron que el Campo de San Francisco era su casa. 

Ante varias espantadas de Rufo, vecinos y técnicos municipales decidieron dejarlo en libertad. Eso sí, se ocupaban de él a diario. 

Un día Rufo fue capturado y llevado a la perrera. Fue tal el enfado y revuelo de los vecinos que terminaron dejándolo de nuevo en libertad. 

Pero el paso del tiempo hizo que las cosas cambiasen. Rufo se convirtió en un abuelo que necesitaba cuidados específicos y un lugar donde alcanzar el ocaso de su vida de manera cómoda y tranquila. Por ello, lo llevaron a un refugio donde le permitían campar a sus anchas al aire libre y le cuidaban a las mil maravillas. 

Rufo vivió sus últimos meses en un albergue donde le permitían estar al aire libre. 

El pasado 21 de septiembre de 1997 (el día de San Mateo), Rufo falleció a causa de un fallo renal dejando a miles de personas desoladas. 

Tras su fallecimiento, vecinos y diversas asociaciones de protección animal se movilizaron para pedir una estatua en su honor. Finalmente, en el año 2015 se inauguró la escultura de Rufo que se encuentra en la confluencia de las calles Uría y Doctor Casal.

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La estatua del perro Rufo se encuentra en la calle Doctor Casal de Oviedo ©Instagram @esehiker
La estatua de Rufo es un homenaje a él, pero también a todos los perros callejeros. 
 
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