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Adiestrar a un cachorro: ¿Con qué órdenes hay que empezar?

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© Jairo Alzate

Hoy en Wamiz te damos algunos consejos para aprender cuáles son las primeras órdenes que debes dar a tu cachorro y que se convierta en peludo bien educado.

Por Jade del Arco

A menudo, solemos hacer diferencias entre adiestramiento y educación. En realidad, la frontera entre los dos es delgada: la educación designa el aprendizaje necesario para vivir el día a día en nuestro entorno (sentarse, caminar, higiene…), y el adiestramiento hace referencia a aprendizajes que no siempre son útiles en la vida diaria del perro (lo que se aprende en un club canino o en los cursos de juegos para perros). Fundamentalmente, la técnica va a ser la misma para ambos: el perro tiene que asimilar lo aprendido.

Empezar pronto la educación

Recordemos para empezar un concepto fundamental: el perro no es “muy pequeño para comprender”, más bien al contrario. Si tomamos esta premisa y le dejamos hacer todo lo que quiere cuando es un cachorro, más tarde no entenderá por qué tiene que dejar de hacerlo y será aún más complicada su educación. Entrenar al perro si ya tiene malos hábitos, como subirse al sillón, tirar de la correa, etc. no será fácil. Hay que ser claro y constante desde el principio. La actitud que debemos adoptar es, por tanto, justamente la inversa: hacerle comprender desde que es un cachorro lo que está permitido y lo que no. La coherencia es una cualidad indispensable para el equilibrio en la relación humano-perro: lo que está prohibido deberá permanecer prohibido y viceversa.

Aprender el “¡no!”

Una de las primeras órdenes que el cachorro debe conocer es el “¡No!”. Debe utilizarse para interrumpir una acción no deseada en el momento preciso en el que se produce. Esta orden debe ser dada de una forma muy precisa, para ser coherente: la postura y el tono de voz debe expresar la misma idea que la orden que se está dando: cuerpo recto, incluso ligeramente inclinado hacia delante, con una voz autoritaria y comprensible.

No hay que decir “no” con un tono dulce, por ejemplo. Sabes que el perro ha comprendido la orden en el momento en el que deja de realizar la acción no deseada, y cuando el perro adopta una actitud de “retirada” (cabeza inclinada, orejas bajas, etc.), entonces puedes parar la reprimenda, inmediatamente. No es aconsejable alargar una reprimenda cuando el perro está enviando señales de arrepentimiento, si lo seguimos haciendo cuando ha parado con el comportamiento no deseado provocará en él incomprensión e incluso ansiedad.

Cómo dar la bienvenida al dueño

Otro aprendizaje importante desde que el perro es cachorro es la gestión de la emotividad y la frustración. Para el cachorro esto se manifiesta a menudo en la forma de recibir a su dueño cuando llega a casa, por ejemplo. Las grandes “fiestas”, sobre todo cuando el perro es grande, pueden convertirse rápidamente en algo difícil de controlar. Cuando el perro salta sobre ti basta, por ejemplo, con poner una rodilla en el suelo para que él pueda exprimir su alegría cuando es cachorro, y así evitar que este comportamiento se descontrole cuando sea adulto y más difícil de controlar.

Si el perro salta sobre nosotros cuando no lo esperamos, sólo hay que levantar una rodilla (si el perro es alto) o un pie (cuando es un cachorro), para colocar un obstáculo entre él y nosotros. Podemos, igualmente, darle la espalda, evidentemente no hay que pegar al perro, simplemente impedirle el contacto físico que busca en ese momento. En seguida, pararemos para acariciarlo y hacerle ver que estamos muy contentos de verlo. Además, es muy importante que el perro aprenda a estar solo, y proporcionarle la actividad y la atención que necesite porque, una “fiesta” exagerada puede ser también un signo de que no están cubiertas sus necesidades básicas.

Otras restricciones útiles

Cuando jugamos con el cachorro, lo podemos dejar “exagerar” un poco, pero dentro de un límite. Permitir a un cachorro morder o rascar porque es pequeño es absurdo: él puede controlar perfectamente este tipo de acciones y comprender que no hay que pasar ciertos límites. Si se porta mal hay que decirle “no” e interrumpir inmediatamente el juego. Este tipo de castigo se usa también en la educación positiva, pues no se trata de una reprimenda en sí, sino que interrumpimos una acción y suprimimos una recompensa, en este caso el juego.

No se trata, por tanto, de un castigo coercitivo. El perro querrá prolongar el juego más tiempo, y para ello controlará su excitación y su fuerza. Ten cuidado con las escaleras: lo cachorros, en particular los más grandes, no deben ni subir ni bajar escaleras hasta que su desarrollo físico no se lo permita. Conclusión: hasta los 4 o 5 meses el cachorro debe bajar las escaleras en brazos de su amo. No es siempre fácil transportar a un cachorro grande, como es el caso de los San Bernardo. Si la casa tiene escaleras, puede tratarse de uno de los factores a tener en cuenta en la elección de la raza antes de adoptar al perro.

Aprender a sentarse

A menudo es la primera orden que damos al perro para comenzar la educación o el adiestramiento. Es una de las más fáciles de aprender. para él. Hay muchas técnicas para la misma, especialmente la educación positiva. Una de las técnicas más simples consiste en poner la recompensa cerca de la cabeza del perro, un poco por debajo, lo que provocará un pequeño movimiento de reculación que le hará sentarse. Es suficiente con dar la orden “siéntate” en ese momento y darle la recompensa en el instante en el que tome la posición que queremos. Esta técnica y el aprendizaje de la orden será útil también para otros aprendizajes (como el “para” cuando el perro se mueve).

La higiene

Se trata, muchas veces, de un aprendizaje delicado, pues en nuestra sociedad los criterios de higiene están lejos del concepto que tienen de la misma los perros. Para un perro, la higiene consiste en no hacer sus necesidades encima, por lo que habrá que enseñarle que hay zonas prohibidas, especialmente en casa. El cachorro es capaz de controlar muy rápidamente sus esfínteres, sólo tiene que aprender, y puede hacerlo entre los 3 y 4 meses sin problema. Para ello existen también muchas técnicas, entre ellas, una vez más, la educación positiva.

Escrito por: Dr Stéphane Tardif Veterinario y redactor de Wamiz